Antes de iniciar el descanso estival, el líder del PNV, Iñigo Urkullu, ha optado por romper la baraja usada en la partida de cartas que desde hace semanas viene jugando con José Luis Rodríguez Zapatero en torno a los Presupuestos Generales del Estado y, ayer, Día de San Ignacio, le lanzó al presidente un órdago en toda regla. O el PSOE cede en el autogobierno pleno del País Vasco, o entonces el PNV dejará caer al Gobierno en otoño, amenazó claramente Urkullu, consciente de que la debilidad parlamentaria del Ejecutivo socialista le permite apostar fuerte. Máxime cuando sobre el tapete están en juego las cuentas del Ejecutivo para 2011, que seguramente no podrán ser aprobadas sin el apoyo de los nacionalistas vascos en el Congreso, lo que sentenciaría la legislatura, y quién sabe si el futuro político del propio Zapatero.
El discurso de fin de curso de Urkullu no escondió demasiadas novedades. De hecho, desde hace quince días se conoce ya que el precio político a pagar por el PSOE para ganarse el «sí» de los 6 diputados nacionalistas vascos en el Congreso será muy elevado: desarrollo máximo del autogobierno vasco, reforma del marco jurídico que reconozca la «realidad nacional» del País Vasco y el derecho a la autodeterminación, entre otras reivindicaciones históricas a las que el PNV no está dispuesto a renunciar.
Condición irrenunciable
Pero por fin ayer el PNV destapó cuál será su condición irrenunciable para iniciar la negociación de los Presupuestos en septiembre, que estará vinculada a un riguroso cumplimiento del Estatuto de autonomía de Guernica. Si el PSOE «quiere contar con el PNV debe comprometerse con el autogobierno de este país», dijo Urkullu. Si no lo hace, «recogerá sus frutos» en forma de «posible caída del Gobierno Zapatero», advirtió el dirigente nacionalista en su alocución a un amplio número de simpatizantes reunidos en Bilbao frente a la estatua de Sabino Arana para conmemorar el 115 aniversario del
partido.
El recado de Urkullu llega a La Moncloa un día después de que el presidente elogiara al PNV por facilitar la aprobación de la reforma laboral con su abstención en la votación del pasado jueves. En su balance de este primer semestre, Rodríguez Zapatero insistió en su «buena disposición» para dialogar con el PNV, con quien aspira todavía a lograr un acuerdo de estabilidad que le de oxígeno hasta 2012. La única tabla de salvación posible después del plantón de CiU.
«El presidente del Gobierno español ha hecho, por activa y por pasiva, una propuesta al PNV para establecer un ámbito de acuerdo para lo que resta de legislatura y, ante tal ofrecimiento, le hemos respondido como siempre. Si quiere contar con nosotros, debe comprometerse con el autogobierno de este país», manifestó Urkullu sin variar una coma el guión inicial. «Esperamos la respuesta de Zapatero», concluyó, no sin antes arremeter contra quien es su verdadero rival en las urnas.
En ese punto, denunció el «boicot» y la amenaza de «sabotaje político» que a su juico está haciendo el lendakari, Patxi López, quien ha advertido a Zapatero de que no consentirá que su negociación con el PNV «pase por encima» del Gobierno vasco y el PSE. Si el lendakari sigue entorpeciendo su partida con Zapatero, se convertirá entonces en responsable directo de la caída del Gobierno central, esgrimió el máximo responsable del PNV. Por último, Urkullu recordó que el mismo listado de transferencias que ha remitido a Zapatero se lo envió primero al lendakari López, quien «debió guardarlo en el cajón de su despacho», tras la reunión que ambos dirigentes mantuvieron el pasado mes de enero.



