ANDRÉS
AYALA
La comparecencia del Ministro de Fomento en la Comisión del Congreso el pasado día 22 va a marcar un antes y un después en el devenir de la obra publica en España. Pero no por lo que dijo, sino por lo que, de forma intencionada, ocultó o maquilló. Si ya es grave que se resuelvan contratos por más de 1.750 millones de euros, que es la cifra real; que otros 9.000 millones de euros se vean afectados por unas demoras entre uno y cuatro años; más otra cifra ocultada de anulaciones de contratos inferiores a un millón de euros, que afectan sobre todo a obras de seguridad vial como supresión de pasos a nivel y de puntos negros; mucho más grave es que el Ministro de Fomento callara sobre la verdad de la situación y sobre las consecuencias de su política.
El señor Blanco envuelto en la bandera de una supuesta eficacia, de unos improvisados nuevos criterios y de una nueva política necesaria, lo que pretendió es que hiciéramos borrón y cuenta nueva y que pensáramos en lo inevitable de sus medidas. Para que no quedara al descubierto que el Ministerio de Fomento está colapsado desde hace tiempo; que las medidas que nos estaba justificando no respondían a un plan meditado para salir de la crisis, sino la aceptación al dictado de los deberes que la UE nos impone; y que los recortes solo van a incrementar el paro y las diferencias entre ciudadanos y territorios.
Lo más grave de esta política del Gobierno del señor Rodríguez Zapatero es que paraliza la máquina de crear empleo y acelera la hidra del desempleo; se olvida que cuesta menos crear trabajo que pagar el subsidio de desempleo, y que por supuesto es mucho más productivo. El señor Blanco confunde inversión con gasto, y se olvida de la inversión rentable, la creación de empleo y los retornos fiscales para obtener nuevos recursos que permiten seguir invirtiendo.
Es dramático que se desinvierta por primera vez en la historia de la obra civil en España. Se justificó con que son nuevos criterios de rentabilidad económica, social y medioambiental, pero no tuvo explicación para mantener gastos e inversiones improductivas. Quiso presumir de una reducción del 22% en los costes de construcción de infraestructuras, ocultando que el PEIT del PSOE, eleva el coste de las infraestructuras el 71% sobre el PIT del PP.
El Ministro de Fomento ocultó que gran parte de las obras ya estaban reprogramadas con anterioridad. De las 25 obras anuladas de carreteras, 16 están adjudicadas entre 2005 y 2008. ¿Como se atreve a sostener que la anulación es consecuencia del recorte? Ocultó la incidencia de los recortes en las comunidades autónomas por su cuantía, o por kilómetros cuadrados por habitante, y se limitó al número de proyectos; lo cual evidentemente falsea la verdad, máxime si en algunas comunidades se acumulan ya retrasos de los retrasos, como en Cantabria o en Murcia.
El ministro de Fomento volvió a escudarse en el Plan Extraordinario de Infraestructuras para paliar estos recortes, pero ocultó que desde noviembre de 2009 está intentando sacarlo adelante y no tiene ninguna garantía, ni confianza en que las obras, cuando se liciten, vayan a tener financiación a no ser que haya garantías extraordinarias que eliminen el riesgo del contratista, lo que no admite Europa; que las entidades están escaldadas con las autovías de primera generación y el fracaso de los préstamos participativos. Por silenciar, ocultó hasta el montante de las obras de este Plan, que, en otras ocasiones, había cifrado en 17.000 millones.
Cuando ya no había opción a réplica anunció veladamente que con este plan extraordinario supondría una hipoteca de ejercicios posteriores a 2014; porque no se atrevió a decir que el PEI se cae; que a partir de 2014 habrá que pagar los deslizamientos de la Dirección General de Carreteras; y la deuda todavía viva de los métodos alemanes de la señora Álvarez que se demoran otros tres años; por lo que en 2014 no habrá posibilidad de comprometer ni un solo euro. La larga mano del señor Blanco que invade e inutiliza la próxima legislatura. Ocultó que en 2011 no se va a licitar ni una sola obra de carreteras, y que no se van a pagar las certificaciones de las obras ejecutadas en este mes de julio.
Y argumentó que a partir de ahora habría que pagar por el uso de las infraestructuras. Como un converso se aferró, a semejanza de San Pablo camino de Damasco, a las teorías de Adam Smith que «solo» tienen 230 años de vigencia y que han sido repudiadas sistemáticamente por los socialistas. Parece que quiso ocultarnos la verdad para que cuando todo quede al descubierto ya no le pille de ministro de Fomento.
ANDRÉS AYALA ES PORTAVOZ DE FOMENTO DEL GRUPO POPULAR EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS










