Hace un año que Barack Obama no se presta a participar en el ejercicio de televisión de alto riesgo que puede ser una rueda de Prensa durante horario de máxima audiencia. Pero ayer, el ocupante de la Casa Blanca protagonizó una cuestionada página de historia mediática al convertirse en el primer presidente de Estados Unidos que aparece en un "talk show" matinal. Uno de esos programas entretenidos como intrascendentes dirigido a un público de alto valor electoral en la política americana: las mujeres dedicadas a las labores del hogar.
Como parte de una visible estrategia para contener su pronunciado retroceso veraniego en las encuestas, Obama se sentó en el curvado sofá del espacio "The View". Programa emitido por la cadena ABC y liderado por la legendaria presentadora Barbara Walters y celebridades como Whoopi Goldberg que a mitad de la mañana se dedican a ofrecer un poco de cotilleo, entrevistas y disección de la actualidad a través de tertulias sobre cuestiones obvias con mayoría de opiniones "progres".
Obama como político tan emergente como encantador ya participó en "The View" en el 2004 y el 2008. Pero en el programa emitido ayer y grabado la víspera en Nueva York estuvo acompañado por la infalible fascinación que producen los aspectos más humanos de la presidencia de Estados Unidos y su interesado deseo de reconectar con el disputado voto femenino de las "soccer moms" (las llamadas mamás del futbol que representan al bloque de madres de familia de clase media).
Esta vez, bromeando sobre todas las canas acumuladas desde su entrada en la Casa Blanca y que su mujer es una fan del programa, tuvo que contestar a preguntas sobre graves retos de política internacional o la economía que no acaba de remontar. Pero también a cuestiones salidas directamente del cajón de sastre de la cultura popular, desde la saga de la actriz Lindsay Lohan pasando por el contenido musical de su iPod (Jay Z, Frank Sinatra, María Callas).
La humorista Joy Behar sacó a relucir la actual paradoja política de Obama: grandes victorias legislativas pero sin réditos electorales. Según la comedianta, de conocidas inclinaciones de izquierda, los críticos de la derecha están dominando el debate y restando mérito a todos esos logros, preguntando al presidente por quién está encargado de explicar todos sus avances: "¿Dónde está su perro de ataque?". Con gracia, Obama respondió a esta integrante de la banda de la ceja en versión americana: "Ese es tu trabajo".
Al ser presionado sobre Afganistán, en una semana marcada por las filtraciones de WikiLeaks, Obama insistió en su posición de perseverar en ese frente bélico hasta el verano del 2011. Aunque declarándose "no interesado en un compromiso sin final", ya que tiene más interés en realizar labores de reconstrucción y ayuda cívica dentro de Estados Unidos.
Sobre las espinas de su año y medio en la Casa Blanca, Obama enumeró la grave situación económica con una perdida de 750.000 empleos al mes cuando tomó posesión, dos guerras, el vertido de crudo en el Golfo de México y "otro montón de cuestiones". Aunque finalmente destacó que lo más difícil son las cartas de condolencia que con su firma reciben las familias de los militares muertos en Irak y Afganistán.
En momentos más ligeros, el presidente reconoció que no ha recibido invitación a la boda escorialiense de Chelsea Clinton prevista para este fin de semana en la localidad de Rhinebeck, Nueva York. Según Obama, "sería ya complicado tener un presidente en la boda de la hija de los Clinton como para tener dos".
Barack Obama también admitió que no está en sintonía con los "reality shows" y que no utiliza Twitter, aunque tiene algún ayudante veinteañero que le ayuda a contar su gestión en menos de 140 caracteres. Lo que le gusta es su Blackberry, aunque sólo una exclusiva decena de personas tienen su dirección de correo privada con lo cual "nadie quiere enviarme las cosas realmente jugosas, todo es muy oficial".
Este peculiar "show" de Obama no ha dejado de generar críticas incluso dentro del Partido Demócrata, que se prepara para un varapalo electoral en las legislativas de noviembre. Su correligionario Ed Rendell, gobernador de Pensilvania, ha argumentado que "el presidente de Estados Unidos debe ser accesible, debe contestar a preguntas que no sean pre-seleccionadas pero creo que debe haber un poco de dignidad asociada con su cargo".
Aunque para el director de comunicaciones de la Casa Blanca, el fin justifica los medios. A juicio de Dan Pfeiffer: "Dada la dificultad para llegar a la gente en el actual ambiente mediático hiperactivo, buscamos oportunidades de alcanzar al público a través de opciones que no sean foros tradicionales para protagonistas de la política. Por eso hemos estados dispuestos a que el presidente participe en los programas de humor de Jay Leno y David Letterman o en los espacios deportivos de ESPN".









