El nombre propio de un arquitecto marcó la historia de París para la eternidad. Si bien la renovación que acometió Haussmann transformó la ciudad en menos de dos décadas –París dejaba de ser una urbe medieval para convertirse en la cuna de la modernidad–, no menos cierto es que la Gran Vía es una de tantas réplicas a pequeña escala de su obra.
«El barón de Haussmann hizo en París los más anchos boquetes, las sangrías más descaradas. Parecía que París no podría soportar la cirugía. Ahora bien, ¿no vive actualmente París de lo que hiciera ese hombre temerario y valiente?» Esta cita pertenece al adalid de la arquitectura moderna, Le Corbusier; sin embargo, en la actualidad, lo que perturba a los grandes arquitectos es: ¿hasta cuándo podremos vivir de las rentas? A propósito de esta reflexión, nace Laboratorio Gran Vía. Una propuesta colectiva sobre el futuro de la madrileña calle en el año de su centenario.
Con miras al futuro
Presente, pasado y futuro convergen en una de las arterias más famosas de Madrid. La
Fundación Telefónica
alberga, hasta el 3 de octubre, una muestra plural que pretende revitalizar y dinamizar la Gran Vía. Con propuestas atrevidas, distintos arquitectos quieren devolver a la capital el lugar cosmopolita, creador de riqueza y de cultura, que merece. El detonante: el futuro incierto de una calle que amanece día sí, y día también, tarareando el réquiem de sus cines; que despierta huérfana de galerías, pequeños comercios y zonas de ocio que sucumben ante los encantos de los gigantes de la moda. Convencidos del mal endémico al que se ven condenadas las metrópolis contemporáneas, visionarias, imaginativas o incluso utópicas propuestas se dan cita en esta interesante muestra. Comisariado por Iñaki Ábalos, Laboratorio Gran Vía lo componen nueve propuestas y dos estudios analíticos: Teatro, de Izaskun Chinchilla Arquitectos; Media, de Manuel Ocaña; Zona Franca, de AceboXAlonso; Sweet Ho
me, de Andrés Jaque Arquitectos; Procomún, de Ecosistema Urbano; Interfaz, de Carlos Arroyo; Capital, de S&Aa; Observatorio, de Ábalos+Sentkjewicz Arquitectos; Toxic, de AMID.cero9; Atmosférica, de Gálvez+Wieczorec Arquitectura; y, por último, Ráfagas, de José Miguel Iribas.
La Gran Vía sufre la misma estandarización urbana que las metrópolis globalizadas
Laboratorio Gran Vía es, en definitiva, un alegato –dicen– contra el espíritu pacato y burocrático, un alegato contra los que se reconfortan pensando que aquí sólo hay el pálpito travieso de unos pocos espíritus revoltosos. Un desafío que han asumido sin límites, adoptando como únicos puntos de encuentro «su radical compromiso con la arquitectura a la hora de afrontar el proyecto y su capacidad de provocación y convicción».





