Los espíritus de Xavier Cugat y Raffaella Carrá sobrevolaron el madrileño teatro Lope de Vega el pasado martes. Porque Pink Martini ofreció una estupenda ración de música viajera, tanto en sus coordenadas temporales como geográficas, sumando además un gran sentido lúdico del espectáculo.
Esta orquesta norteamericana fue fundada hace quince años por el pianista Thomas M. Laurdale, desencantado con los sonidos contemporáneos y enamorado de aquellas big bands capaces de interpretar jazz, boleros, mambo, música brasileña y mediterránea... mientras el oyente se solazaba con un refinado cóctel. Para su objetivo encontró ayuda en la cantante China Forbes. Por cierto, ambos mantienen sobre el escenario un encantador dominio compartido.
La fama de esta banda no ha llegado hasta el gran público, pero sí hasta un número suficiente de incondicionales para completar el aforo del teatro. Versiones de antiguas melodías y composiciones propias, basadas en los mismos principios, forman su repertorio, cuya más reciente entrega discográfica se titula «Splendor in the grass». Empezaron con «Let's never stop falling in love», de su autoría, pero que si alguien afirmara que Rita Hayworth la cantaba en una vieja película, nadie lo pondría en duda. Sección de vientos, bongos, violín y cello, contrabajo, guitarras... todo ello crea esa sensación de orquesta en blanco y negro. También colabora Thomas creando un ambiente simpático con sus comentarios y su forma de tocar el piano: aspavientos hasta para presionar la nota más suave.
Aparte de la gran voz de la cantante, también hay que destacar su capacidad para afrontar lenguas que le son ajenas. Así, su versión de «Piensa en mí» resultó tan cristalina que podría parecer que el español es su lengua materna. Incluso se atreve con el croata, con la intensa «U plavu zoru». El momento más divertido tuvo lugar en los bises, con «Tuca tuca», tema popularizado por Raffaella Carrá y con baile ad hoc. El público, puesto en
pie, se entregó a la causa. Fue el único instante en que la banda utilizó este recurso: la llamada al baile, las palmas o los coros suele resultar cargante. La sonrisa, al final, era el común denominador de cuantos abandonaban la sala al término del recital.



