La Monumental de Barcelona está que arde. El pasado domingo fue un día muy especial para todos sus trabajadores y para sus público habitual que sentía que «algo se muere en el alma». Uno de los acomodadores —que lleva la friolera de veintitrés años en la plaza— declaraba su indignación y tristeza. «Yo soy de Albacete, prefiero no decir mi nombre, pero lo que sí que digo bien alto es que me da mucha pena que prohíban los toros y que sólo podemos esperar que no ocurra». Ante la inminente votación, mañana a las diez en el Parlament, ellos también se han manifestado. «Estuvimos la semana pasada en la puerta con nuestras pancartas y este domingo hemos vuelto a salir, es lo único que nos queda, quejarnos y explicar que somos amantes de la Fiesta». En total, contamos veinticinco acomodadores que dejarán de serlo si se aprueba «la dichosa ley», como ellos la han bautizado.
Almohadilleros
Los que alquilan las almohadillas, a dos euros cada una, también están tristes y frustrados. «Yo llevo cuarenta años acudiendo a este puesto de trabajo siempre que hay corrida y seguiré viniendo mientras pueda... Somos veinticinco personas que venimos cada domingo a vender cojines, pero que por encima de todo somos amantes del toreo. Cuando acabamos la faena entramos en la plaza y no nos perdemos un detalle», explica Eduardo, que sí que nos brinda su nombre y su DNI «si hace falta». Al charlar con estos veteranos se palpa su malestar y su pasión por la Fiesta.
En su misma situación se encuentra el resto de trabajadores de la Monumental; están esperando a que el Parlament decida para desvelar su futuro incierto. En el interior de la plaza también hay personal que acomoda a la gente, que limpia las instalaciones y que si no lo eran cuando entraron con el paso de los años ya son aficionados a los toros. Son muchos los profesionales que viven de la Fiesta: areneros, mulilleros, monosabios... «Yo no me pierdo ni una —comenta Antonio mientras acompaña a unos turistas muy despistados a su butaca—. No hay derecho a que lo prohíban».
Todas estas declaraciones tan sentidas tienen de fondo una banda sonora sorprendente, «Els Segadors», el himno catalán por excelencia que da la bienvenida a los toreros. Precisamente, al son de esta canción tan catalana, salieron un buen número de empleados para manifestarse en el ruedo. Animados por el público que no paró de aplaudirles defendieron pancartas que dejaban bien clara su indignación: «40 años después vuelve la represión a Cataluña», «Cataluña plural, ja, ja, ja» y «Libertad, libertad”». ¡Sus ruegos no pueden ser más explícitos!


