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Las Islas Salvajes, ¿españolas o portuguesas?

Este recóndito lugar del océano ha protagonizado uno de los conflictos «fronterizos» menos conocido y a la vez más espinoso de la historia de España

Día 27/07/2010 - 11.22h
En nuestro habitual repaso a las historias más jugosas de la blogosfera, hoy llegamos hasta la bitácora "Fronteras", en la que podemos leer un interesante artículo con abundante y completa información sobre las islas Salvajes, un pequeño archipiélago del océano Atlántico que enfrenta desde hace siglos a España y Portugal.
Hablamos de un conjunto de tres islas y doce islotes situado entre Madeira y las Canarias con una extensión de 2,73 kilómetros cuadrados. Más allá de su valor natural, -posee hasta 50 especies propias de fauna y flora- que justifican su declaración como reserva de la biosfera, este recóndito lugar del océano ha protagonizado uno de los conflictos "fronterizos" menos conocidos, y a la vez más espinosos en la historia de España con otro país, por encima de "perejiles" y otras hierbas.
Aunque ya aparecían en algunos mapas del siglo XIV, el primero en bautizarlas con este nombre fue el navegante portugués Diogo Gomes en el siglo siguiente. Desde entonces y durante mucho tiempo después, fueron visitadas intermitentemente por portugueses y españoles, que las consideraban como suyas, a pesar de no asentarse de forma definitiva debido a su aislamiento e inhabitabilidad. Tras varios intentos infructuosos por ambas partes para tratar de legitimizar el territorio, en 1939 y aprovechando la triste y delicada situación que atravesaba nuestro país tras la guerra civil, la nación lusa consiguió que un organismo internacional emitiera un dictamen en su favor que España nunca ha llegado a reconocer.
Hasta 1971 las islas Salvajes fueron propiedad del banquero portugués Luis Rocha que las vendió por un "módico" precio al estado, que rápidamente las convirtió en reserva natural y empezó a protegerlas militarmente. Pero las dispustas seguían; cuatro años más tarde, en 1975, aprovechando las convulsiones que agitaban Portugal, unos pescadores canarios desembarcaron en la isla más grande y clavaron una bandera española. Posteriormente, diplomáticos portugueses han protestado por la violación de su espacio aéreo por parte de la Fuerza Aérea Española. Fue en 1997, cuando a regañadientes y como resultado de las negociaciones para su integración total en la estructura de la OTAN, el gobierno de nuestro país reconoció los derechos "en superficie" del país vecino sobre el archipiélago.
Precisamente el verdadero problema que esconden estas islas no es la tierra, que como hemos dicho, es prácticamente inhabitable, sino todo el agua que la rodea, miles de kilómetros cuadrados de mar y su posible explotación en forma de caladeros, plataformas petrolíferas, etc. La legislación marítima internacional dice que un país soberano de cualquier trozo de tierra que sobresalga del mar, posee también la soberanía de las doce millas de agua que lo rodean. Si el peñasco en cuestión está habitado, además le corresponden otras 188 millas, hasta completar las 200 millas de lo que se conoce como Zona Económica Exclusiva (ZEE).
Pero, ¿están las islas Salvajes realmente habitadas? Según el país luso, sí; porque mantiene un retén de vigilantes en la zona que suele sustituirse cada tres semanas y además argumenta que no puede vivir más gente en la zona por tratarse de una reserva natural. Para España, por el contrario, no existe habitabilidad pues la presencia humana es muy reciente y poco constante. De forma adicional, otros documentos históricos también prueban la soberanía y explotación económica española. Estas diferencias en la interpretación de la ley cambian por completo las fronteras ZEE de las Canarias y Madeira en más de 150 kilómetros.
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