El edificio más alto de Nueva York quiere encabezar la lista de los más ecológicos. Sus sistemas de climatización y comunicación se vuelven más «inteligentes».

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«No hacemos esto -"enverdecer" el Empire State- porque sea lo correcto, sino porque es una oportunidad de negocio. Si no reducimos nuestro consumo de energía, perderemos dinero y seremos menos competitivos con respecto a China, India y Brasil, por ejemplo», asegura al diario británico The Guardian Anthony Malkin, presidente de Malkin Holdings.
El Empire State quiere retirar de la calzada unos 20.000 coches en los próximos quince años. Es una analogía claro, el edificio más alto de Nueva York confía en reducir su huella de carbono en un porcentaje similar a la cantidad de gases de efecto invernadero que tal parque móvil genera. Si lo consigue, ahorarría cuatro millones de dólares cada año. Los responsables del proyecto, además, esperan amortizar la inversión de la conversión medioambiental en tres años.
Las 6.514 ventanas que aparecen en la fachada del rascacielos más reconocible de la Quinta Avenida serán remplazadas por otras 6.514, pero fabricadas con una película aislante cuatro veces más eficaz: mantendrán el calor en invierno y la refrigeración en verano. Su sistema inteligente de climatización obrará el mismo «milagro». El Empire State dispondrá de la red de wireless más grande jamás pensada para un solo edificio. Los escritorios de los trabajadores se desplazarán hacia el centro de la estructura para aprovechar la luz del día y el espacio. Y por la noche, echarán el cierre (y apagarán las luces y el aire acondicionado).
El Empire State se imaginó en dos semanas y se construyó en quince meses durante la Gran Depresión (1931). Sus 381 metros le han valido durante cuarenta años para encumbrarlo como el más alto. Ahora aspira a ser uno de los más verdes.

