Las tareas para taponar el pozo de British Petroleum siniestrado hace tres meses quedaron paralizadas ayer jueves ante la amenaza de una posible tormenta tropical procedente de las islas Bahamas. Aunque la ofensiva de mal tiempo caribeño tardará todavía en llegar hasta la zona del vertido en el Golfo de México, los técnicos encargados de lidiar con el destructivo pozo petrolífero han empezado a abandonar sus trabajos al necesitar un margen de tiempo para salir con seguridad.
El Centro Nacional de Huracanes, con sede en Miami, ha indicado que como depresión tropical, esta amenazadora tormenta ya ha causado graves inundaciones en Puerto Rico, República Dominicana y Haití. Con un itinerario que la colocaría en el Golfo de México para el comienzo de este fin de semana. Y de hecho, a modo de anticipo, ya se ha empezado a registrar en la zona un fuerte oleaje.
En total, una flota compuesta por 65 embarcaciones en torno al dañado pozo de BP se encuentra pendiente de una orden definitiva de evacuación. Un buque de la Guardia Costera de Estados Unidos —el «Decisive», con una tripulación de 75 miembros— ha recibido la orden de ser el último en salir y asegurarse de que nadie queda expuesto en alta mar a la anunciada tormenta tropical.
Entre los trabajos suspendidos se encuentra la perforación de un decisivo segundo pozo de alivio, que ha sido taponado para evitar posibles daños por la tormenta. Todas estas precauciones podrían llegar a suponer en la práctica un retraso de dos semanas para reanudar las labores de contención. Lo cual arruinaría el calendario manejado por British Petroleum, que aspira a completar el pozo de alivio antes de que termine julio y a principios de agosto taponar definitivamente el pozo dañado por el estallido en abril de la plataforma «Deepwater Horizon», que causó la muerte a 11 operarios.
Para colmo, el almirante Thad Allen —coordinador del gobierno federal de este siniestro— ha avanzado que el mal tiempo podría también obligar a reabrir la campana de contención instalada hace una semana. Lo que volvería a suponer el flujo incontrolado de miles de barriles de crudo junto hacia las costas sureñas de Estados Unidos. Según Allen, a la espera de la evolución del tiempo antes de lanzar una orden de evacuación, «esto va a ser necesariamente una decisión difícil».
Incluso si la tormenta tropical no produce un asalto directo, las tareas de limpieza se van a resentir. El mes pasado, la presencia a más de ochocientos del huracán Alex provocó retrasos en las tareas de recoger agua contaminada en Alabama, Misisipi y Florida. De hecho, ayer se empezaron a retirar barreras plásticas para que la tormenta no las lance contra zonas de marisma especialmente delicadas.




























