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Columnas / HAY MOTIVO

El mundo por turbante

El adversario huye en desbandada tras un ataque de risa. La juerga nacional. Vamos, la «jirga» padre

Día 20/07/2010
TANTAS veces se ha puesto el mundo por montera que casi no es noticia el que, para rizar el rizo, el señor Moratinos se lo haya puesto por turbante. La imagen, sin embargo, es tan locuaz, tan sublime el derroche de santurronería pánfila, que vale no ya por mil palabras, sino por una tesis doctoral en relaciones internacionales. Es decir, que el célebre «soft-power» que patentó en su día el presidente Obama no tiene mayor misterio —y sí menor encanto— que el multiculturalismo que pregonaba Emilio el Moro por tanguillos de Cádiz. ¡Insurgentes a mí! ¿Quién dijo miedo? El adversario huye en desbandada tras un ataque de risa fulminante. La juerga nacional. Vamos, la «jirga» padre.
«Estamos en una misión de imposición de paz que ha de convivir con escenarios de guerra», declaró el pasado martes (martes y trece, por más señas, lagarto, lagarto) doña Carme Chacón al director de este diario. El cambio de retórica deja entrever que alguien la ha familiarizado con los textos de Clausewitz porque lo de «imponer la paz en un teatro bélico» es un trasunto, si no un calco, de la definición de guerra que aparecía en el Vom Kriegeallá por el primer tercio del siglo antepasado: «Acto de fuerza cuyo objeto es obligar al enemigo a hacer nuestra voluntad». O sea, que aquí paz y después gloria, aunque haya que hacer las paces por las malas. El caso es que la ministra-mande-firmes (pese a que aún siga en sus trece, lagarto, lagarto) maneja ya un discurso más elaborado. Se atreve, incluso, a hablar de imposición, no despilfarra tanta charlatanería en salvas y empieza a practicar el arte del camuflaje.
Y en esto entra en escena Moratinos, ufano y desenvuelto tal que el morito Juan de El Fary. Nadie minusvalore el desafío que supone emular en prendas —ya que no en su esbeltez de dandy— al gran Peter O'Toole en la descomunal «Lawrence de Arabia». Pedirle a Moratinos que, como el verdadero Lawrence, ingrese en lamilicia de soldado raso y, a la vez que cultiva la épica del combate, levante «Los siete pilares de la sabiduría» sobre una escritura deslumbrante, sería realmente demasiado. Bastante tiene el pobre con enrollarse en el molondro esa vistosa bufanda plateada que le abruma las sienes como un vendaje hospitalario. Es de justicia reconocer, no obstante, que, gracias a la lozana estampa que luce Mofletinos (ganas dan, la verdad, de pellizcarle) y al proverbial palmito de la señora Carme, las portadas reflejan una realidad que, por ser fiel a si mismo, Zapatero ha negado durante seis años. A saber: que el ejército español se encuentra en el avispero afgano cumpliendo con una misión de guerra —de guerra o de «imposición de paz», lo que mejor les cuadre- que el Gobierno deshonra y menoscaba con su vergonzante cháchara, sus piruetas conceptuales, sus visitas relámpago al socaire del relampagueo de los flashes.
Mientras, al general Petraeus le deberían conceder una medalla por su comportamiento heroico en la sufrida retaguardia. Soportar a los representantes de la Alianza de Civilizaciones tiene que ser una tortura para el jefe guerrero de la Alianza de los Civilizados.
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