Kabul vuelve a respirar después de veinticuatro horas en estado de máxima alerta por la celebración de su primera gran conferencia internacional. Las fuerzas de seguridad afganas, con apoyo de la OTAN, superaron una prueba que supone el primer paso hacia la transferencia de la seguridad en el país que el presidente Hamid Karzai fijó para dentro de cuatro años. "Sigo determinado a que las fuerzas de seguridad afganas sean responsables de todas las operaciones militares y de mantenimiento del orden público en todo el país en 2014", adelantó el dirigente pastún a los representantes de más de setenta países que durante seis horas se reunieron en la capital afgana en una cita sin precedentes desde la invasión de 2001.
Seguridad, gestión de la ayuda y reintegración de talibanes fueron los pilares de la jornada, tres pilares interconectados que marcan las bases de esta especie de transición que vive el país asiático desde la celebración de la Jirga de la Paz en junio. El plazo de cuatro años marcado pro Karzai fue acogido con prudencia por parte del Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, quien aseguró que la salida de las fuerzas de la coalición se producirá en base a “objetivos conseguidos” y no a un “calendario”, idea que repiten una y otra vez los mandos sobre el terreno al afirmar que “sólo nos iremos cuando veamos que no sea necesario que tengamos que volver”.
La prudencia de la OTAN contrastó con la determinación de la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, que mantuvo el mes de julio de 2011 como fecha para iniciar la retirada de las fuerzas de combate de su país, siguiendo los planes fijados por el presidente Barack Obama. La salida de personal militar, sin embargo, se verá compensada con un mayor esfuerzo en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad locales y la llegada de personal civil para asesorar distintos campos de cooperación, según la diplomática norteamericana. El primer ministro británico, David Cameron, por su parte, calificó el plazo dado por Karzai como “realista”.
La representación española en la conferencia, que también contó con la participación del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, estuvo encabezada por la secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez, el embajador en Kabul, José Turpin, uno de los diplomáticos con mayor experiencia en el país, y el embajador español al frente “Af-Pak”, Rafael Mendivil.
Ayuda en manos afganas
Si la “afganización” de la seguridad está prevista para 2014, la de la gestión de la ayuda internacional podría empezar a producirse antes. Las autoridades afganas solicitaron la gestión a través de sus ministerios de al menos el cincuenta por ciento de los billones de dólares que recibe el país en un plazo de dos años para acabar con una dinámica que ha llevado a que más de las tres cuartas partes de los fondos de ayuda extranjera sean gestionados por ONGs y otros organismos ajenos a las instituciones. “Es el momento de concentrar los esfuerzos en grandes proyectos, no en muchos y dispersos”, pidió Karzai a los presentes.
Todos los asistentes ratificaron su compromiso con el gobierno de Kabul, actualmente inmerso en un proceso de reconciliación nacional que pasa por la reintegración de miles de insurgentes a través del pago de sueldos mensuales a cambio de que abandonen la lucha. La previsión de los responsables de seguridad afganos eleva a 36.000 el número de militantes que podrían dejar las armas en el plazo de un año. Se trataría de combatientes comunes que luchan contra las fuerzas afganas e internacionales por motivos económicos, no ideológicos. En el otro extremo se encuentra el desafío de sellar la paz con los tres grandes grupos de la oposición –talibanes, grupo Haqqani y Hizb Islami Hekmatyar- que mantienen su negativa a posibles acuerdos mientras permanezcan las fuerzas extranjeras en el país. Islamabad y Kabul trabajan en la sombra en este proceso que se sigue con mucha cautela desde Washington y Bruselas debido a la desconfianza absoluta que existe en estas organizaciones a las que acusan de dar cobertura a los milicianos de Al Qaeda en la región.









