Nunca dan un paso adelante. Como mucho medio. Y es mucho decir. Cuando Lampard envió aquel balón al larguero y luego botó medio metro dentro para que el línea y el árbitro dijeran que nanay, se armó la marimorena. Agua que quedó en nada, como todo. Blatter pidió perdón por el error (también por el atraco de Argentina a los mexicanos) y dijo que sí, que esta vez estudiaría la implantación de sistemas tecnológicos para corregir los errores arbitrales.
Fueron palabras de paraguas para cubrirse del chaparrón. La International Board se reúne hoy en Cardiff con un único punto en el orden del día: «La revisión y eventual aprobación de las peticiones de confederaciones y asociaciones de la FIFA de implantar los experimentos con árbitros adicionales para las próximas temporadas».
No es algo nuevo. De hecho, la pasada campaña ya se realizaron experimentos en la llamada Liga Europa (antigua Copa de la UEFA). Lo curioso del caso es que apenas solucionó nada. Se siguieron produciendo errores, hubo fallos también en balones que se pensaba que había entrado y no lo habían hecho y al revés, y continuaron las decisiones equivocadas una veces y acertadas otras. El caso es que el experimento no acabó de convencer a nadie.
Sin embargo, Blatter y su gente recurren a meter dos árbitros más con tal de no ceder a las máquinas. A la FIFA no le gustan las tecnologías ni los vídeos. Ellos dicen que es porque se perdería la esencia del fútbol, las conversaciones y charlas de los aficionados en la oficina los lunes por la mañana y la emoción que desprende un error o acierto. Algo de eso hay pero el trasfondo de la cuestión es que las máquinas les harían perder poder, el poder que les da la ambigüedad de las decisiones o el poner este o aquel árbitro en los partidos que más convengan.
Se han barajado otras soluciones: un chip en el balón que avisara de cuando traspasa completamente una línea, ya sea de puerta o de campo, pero tampoco acaban de convencer. La FIFA da largas a todo lo que sea confiar en las máquinas. Lo que no quieren, por encima de todo, es parar los partidos para echar una ojeada a los vídeos o similares. Más ojos y menos máquinas parecen pensar los jerifaltes de FIFA.






