Las fuerzas afganas e internacionales mantienen un dispositivo especial para tratar de garantizar la seguridad en la conferencia internacional que durante las próximas horas reunirá a personalidades y mandatarios de cuarenta países en Kabul, entre ellos al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, y la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton. Aunque se trata de la novena conferencia sobre Afganistán que se celebra en los últimos nueve años, es la primera que tiene lugar en la capital afgana con lo que se ha convertido en todo un desafío para las autoridades que quieren mostrar al mundo los avances logrados en materia de seguridad y por ello han decretado el estado de “máxima alerta”.
Más que una reunión de donantes, las autoridades afganas pretenden que esta cita suponga un punto de inflexión en la forma que tiene de llegar al país la ayuda internacional. Se han marcado 23 “programas de prioridad nacional” a los que los afganos quieren dedicar el ochenta por ciento de los fondos. Pese a los escándalos de corrupción en los distintos ministerios como telón de fondo, la comunidad internacional parece dispuesta a “afganizar” también la ayuda y cumplir con una petición adelantada por el ministro de Economía, Omar Zahkilwal, la semana pasada al anunciar que “creemos que ajustar la ayuda a las necesidades del Gobierno, y por tanto del pueblo, traerá consigo un desarrollo más sostenible”.
El domingo tres personas perdieron la vida en un atentado suicida en la capital, un aviso de la capacidad de acción de las células talibanes que en la última Jirga de la Paz, celebrada a comienzos del mes pasado, lanzaron un fuerte ataque en la ceremonia de inauguración que acabó con la vida de diez personas









