Al frente del opositor Partido de la Justicia Popular (Keadilan), Anwar Ibrahim es, a sus 62 años, la “voz de la democracia” en Malasia, un país estable y próspero que hasta ahora era un modelo de convivencia entre musulmanes, budistas, cristianos e hindúes pero que asiste a una radicalización del islam. Formado en la Organización Nacional para la Unidad Malaya (UNMO), que lidera la coalición Barisan y gobierna el país desde la independencia en 1957, Anwar ocupó entre los años 80 y 90 distintas carteras, como Cultura, Educación o Finanzas, hasta que cayó en desgracia para el primer ministro Mahathir, quien acabó acusándolo de homosexual.

pablo m.díez
Anwar Ibrahim
Al frente del opositor Partido de la Justicia Popular (Keadilan), Anwar Ibrahim es, a sus 62 años, la “voz de la democracia” en Malasia, un país estable y próspero que hasta ahora era un modelo de convivencia entre musulmanes, budistas, cristianos e hindúes pero que asiste a una radicalización del islam. Formado en la Organización Nacional para la Unidad Malaya (UNMO), que lidera la coalición Barisan y gobierna el país desde la independencia en 1957, Anwar ocupó entre los años 80 y 90 distintas carteras, como Cultura, Educación o Finanzas, hasta que cayó en desgracia para el primer ministro Mahathir, quien acabó acusándolo de homosexual.
De aquella época recuerda su desencuentro con Mahathir, quien dirigió el país entre 1981 y 2003 y aún sigue ejerciendo el poder en la sombra. Pero la hegemonía del Barisan está amenazada por Anwar, cuya carrera podría verse truncada porque un antiguo ayudante ha denunciado que lo violó en 2008.
- ¿Cómo encara este nuevo proceso?
- Es un juicio político porque soy una amenaza para el régimen corrupto, que me está atacando con la sodomía porque es lo peor para un musulmán. Aunque se debe investigar, no confío en la independencia de la Justicia en Malasia pero, si me condenan, será un gran escándalo.
- ¿Refleja este juicio el miedo de la coalición Barisan a perder el poder?
- El Gobierno quiere condenarme, pero será difícil porque no hay pruebas y todos los testigos están contra la acusación. El demandante lo tenía planeado con el Gobierno porque conocía al actual primer ministro, Najib Razak, antes de ser voluntario en mi partido. El Gobierno está desesperado por su debilidad y por la corrupción en torno a asuntos como los contratos de armas que llevaron al brutal crimen de la mongola Altantuya Shaariibuu, que ocurrió cuando Najib era ministro de Defensa. Al final, fueron condenados dos policías que trabajaban como escoltas del Gobierno y consiguieron explosivos C-4 para volar el cuerpo de la mujer y hacerlo desaparecer, pero se debería investigar más el caso para aclarar la participación del hoy primer ministro y el pago de comisiones millonarias por parte de empresas de armamento extranjeras. El Ejecutivo desvía la atención pública con mi juicio por sodomía o el del uso de la palabra “Alá” en malayo por parte de los cristianos, que está creando divisiones sociales.
- ¿Se convertirá Malasia en una nación islámica?
- Malasia no se está haciendo más radical, pero sí más dura y con más presión no sólo sobre los cristianos, sino también sobre los musulmanes. Yo soy musulmán: voy a la mezquita y no bebo, pero respeto la libertad de conciencia y creo que la fe es una decisión personal. Con esto no animo a nadie a cambiar de religión, pero no podemos usar al Estado para forzar a la gente a seguir las normas del islam.
- Pero los malayos, la etnia mayoritaria del país, son musulmanes por el artículo 160 de la Constitución y no pueden elegir su fe bajo pena de ser acusados de apóstatas por un tribunal de la “Sharía” (ley islámica). Y la homosexualidad, incluso consentida, está penada con la cárcel. ¿Debería reformarse el sistema judicial para que todas las etnias estuvieran sometidas a las mismas leyes?
- Los musulmanes quieren la “Sharía” para regular sobre ciertos aspectos como los matrimonios, pero no para hacer comparaciones con chinos, cristianos o hinduistas. Los malayos son más religiosos y quieren normas legales de los tribunales islámicos, pero no se debe ir dentro de las casas para ver lo que hace cada uno en su intimidad porque corremos el riesgo de caer en la hipocresía. Por ejemplo, hay prostitución y “ladyboys” (transexuales) en las calles, pero se azota a mujeres por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, lo que además es sexista porque no se castiga a los hombres. O se condena a latigazos a una modelo por beber cerveza cuando el hijo del ex primer ministro Mahathir se ha enriquecido con la marca filipina San Miguel. Se debe reformar la Justicia, pero para que sea más independiente. Por lo demás, es suficiente con respetar la ley y se puede tener la “Sharía”, pero diferenciando entre la esfera privada y la pública y sin que el Estado se entrometa en asuntos personales.
- ¿Cómo afectan a la imagen internacional de Malasia las últimas noticias sobre la radicalización islamista?
- La inversión extranjera viene cayendo desde los años 90 y ahora nos adelantan países más competitivos como Filipinas, Tailandia e Indonesia.







