Ha sido la comidilla en los corrillos del Congreso durante el Debate sobre el estado de la Nación. Una vez más, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, que es senadora, acudió a la Carrera de San Jerónimo para seguir el rifirrafe de su jefe de filas, Mariano Rajoy, con el presidente del Gobierno. Hasta ahí no habría ningún problema, si no fuera porque ocupó, de nuevo, el escaño de la portavoz del Grupo parlamentario Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, que está pegado a la derecha de Rajoy. La portavoz popular, que había preparado concienzudamente el debate, se vio obligada a desplazarse un asiento más allá, mientras los socialistas, justo enfrente, no se perdían detalle del gesto para luego comentar entre ellos, con regocijo político, que Cospedal le había «levantado» el sitio a Sáenz de Santamaría y que esta había quedado desplazada un día más.
La historia se repite cada vez que hay un debate de relieve en el Congreso, pero sus protagonistas siempre han llevado su particular «pique» en silencio. Uno de los momentos más tensos se produjo en la sesión solemne de homenaje a las víctimas del terrorismo, el pasado 27 de junio. Cospedal anunció que acudiría al Congreso y desde su entorno comunicaron al Grupo Popular que ocuparía el escaño de siempre, el de Sáenz de Santamaría, junto a Rajoy. Pero en esta ocasión estaba más complicado, porque el protocolo exigía que cada portavoz se sentara en el escaño que tiene asignado. Esa vez, Santamaría ganó la batalla.
En el Debate sobre el estado de la Nación ha vuelto a repetirse la misma situación violenta, con la secretaria general del PP sentada en el escaño de la portavoz parlamentaria. La gota que colmó el vaso, sin embargo, llegó cuando ABC publicó ayer en portada una foto donde Santamaría aparece claramente desplazada detrás de Cospedal, en plena ovación de los diputados del PP a Mariano Rajoy, lo que fue otro motivo de cotilleo y comentarios jocosos entre los diputados del PSOE. El «pique», dicen, puede acabar a codazo limpio.




