En menos de 24 horas, once soldados de las fuerzas Internacionales de Seguridad Afgana (ISAF) han muerto en Afganistán. Por un lado, cuatro efectivos de la ISAF murieron ayer por la explosión de un artefacto improvisado; por otro, un militar de la Alianza Atlántica falleció en un ataque con armas ligeras. El comunicado de la OTAN sólo dice que ambos incidentes se produjeron en el sur del país, pero no precisa dónde exactamente.
A estas bajas se suman otras tres que se produjeron el martes en la ciudad de Kandahar cuando las fuerzas afganas y las internacionales repelieron un ataque de la insurgencia contra una comisaría de Policía, según señaló la misión de la OTAN. También perdieron la vida cinco trabajadores afganos. Para llevar a cabo el ataque, los milicianos utilizaron un artefacto explosivo improvisado colocado en un vehículo y luego recurrieron a armas ligeras, granadas propulsadas por cohetes y ametralladoras. La ISAF destacó que ésta es la tercera vez en tres días que sus tropas y las fuerzas de seguridad afganas se enfrentan con los milicianos.
Las fuerzas afganas repelieron el lunes un ataque contra la procesión por el funeral de Mohamad Riza, ex fiscal jefe del distrito de Khwajai Omari asesinado en la provincia de Ghazni, en el mataron a varios insurgentes. Un día después, un grupo de milicianos atacaron la localidad de Aalai Shahea, también en Ghazni, pero al encontrarse con la resistencia de las fuerzas afganas tuvieron que huir.
La capitán de la Marina Jane Campbell, portavoz del Mando Conjunto del ISAF, aseguró que las fuerzas de seguridad afganas «están ganando terreno». Sin embargo, las fuerzas formadas por unos 150. 000 efectivos están sufriendo cada vez más bajas, y sólo este mes de junio murieron 102 soldados (369 en 2010), por lo que se convirtió en el mes más negro de toda la guerra, que dura nueve años.







