Las autoridades islámicas hablaron de “secuestro” desde el primer momento y acusaron a los servicios de inteligencia americanos y saudíes de llevarse por la fuerza al experto en isótopos radioactivos de la Universidad Malek Ashtar de Teherán, un prestigioso centro vinculado a los Guardianes de la Revolución.
Estados Unidos niega cualquier implicación y el Departamento de Estado asegura que«el ciudadano iraní ha estado en nuestro país por su propia voluntad». La cadena ABC, sin embargo, reveló en marzo que la llegada de Amiri al país respondía a un «golpe de la inteligencia» americana contra la carrera nuclear de la república islámica y explicó los hechos como «un acuerdo entre el científico y la CIA para abandonar Irán a cambio del asilo», citando fuentes anónimas de los servicios de inteligencia.
En medio de las versiones de las dos potencias enemigas, se encuentra una desaparición rocambolesca marcada por un supuesto secuestrado capaz de realizar tres vídeos. Los dos primeros durante su cautiverio y con versiones de los hechos radicalmente opuestas, primero denunciando el secuestro y después asegurando que estaba haciendo el doctorado. Y una tercera y última grabación, hecha pública a finales de junio, en la que aseguraba que había logrado escapar de sus captores.
La siguiente noticia fue la llegada de Amiri a comienzos de semana a la Embajada de Pakistán en Washington, responsable de defender los intereses iraníes en el país, y su deseo abierto de “volver a casa donde explicaré ante los míos todo lo sucedido”.
Comunidad científica en peligro
Mientras que la cadena americana ABC dejaba entrever en sus informaciones sobre el caso que la colaboración de Amiri fue clave para descubrir la presencia de la facilidad nuclear de Qom el pasado septiembre, apenas tres meses después de su desaparición, desde el Organismo de la Energía Atómica de Irán siempre han defendido que “no conocemos a Amiri y no forma parte de nuestra plantilla”.
La carrera nuclear de Irán está marcada por el hermetismo, todo es alto secreto y ya son tres los expertos que se han visto implicados en graves incidentes causados, según Teherán, por los servicios de inteligencia occidentales e israelíes. Ardeshir Hosseinpour, muerto en extrañas circunstancia en 2007 en la central nuclear de Isfahán, fue la primera víctima entre la comunidad científica.
Después llegó la desaparición de Amiri (junio 2009) y, siete meses después, el doctor Masoud Alí Mohamadi perdió la vida en Teherán tras la explosión de una bomba cuando salía de su casa al norte de la ciudad. Amiri se ha convertido en el tema central de los medios oficiales iraníes en un momento en el que el país vive inmerso en una serie de huelgas y protestas ante la subida de impuestos por parte del gobierno de Mahmoud Ahmadineyad.







