Horas y horas, a pleno sol, aguardó la afición española en las principales arterias de la capital para tener frente a frente a los héroes del mundo. Desde los balcones de Gran Vía lanzaban cubos de agua para refrescar la espera de los que llevaban apostados en las vallas desde las cuatro de la tarde. Encaramados a un árbol, escalando andamios o en el techo de un quiosco; cada uno buscaba su ángulo de visión. A ritmo de trompetas y claxon, los aficionados toreaban a los coches y autobuses que circulaban por allí.
Álex, de Zaragoza, concitó a su paso toda la atención, caminando con un pulpo fresco en la mano y gritando que Paul ya estaba en España. Otro aficionado, envuelto con una toalla, el torso desnudo y una peluca de rizos morena, corría entre las hileras de público imitando a Puyol.
A las 20.15 horas, el autobús descapotable de la victoria partía de Moncloa, escoltado por varias dotaciones de Policía que trataban de poner un poco de cordura a una ciudad completamente embriagada de éxito, triunfo y celebración. Las miles y miles de personas que marcaban el recorrido del autobús se desgañitaban llamando a los jugadores y buscando sus miradas. «Gracias a España, a mi novia le gusta el fútbol» o «Iker, todas somos Sara» fueron algunos de los lemas de la pancartas que habían preparado los seguidores de la Roja. A la mayoría se les hacía poco y atajaban por calles aledañas corriendo para volver a vivir ese momento. Padecían una sed de selección insaciable.
Flor Peón, una asturiana de pura cepa, ondeaba la bandera de Asturias homenajeando a su paisano David Villa. De Villareal, Jaén, Toledo... Muchos españoles no quisieron perderse la gran celebración en la capital mundial del fútbol. «Esto pasará a la historia y queremos formar parte de ella activamente», comentaba un padre de familia que esperaba a los jugadores con sus hijos vestidos de rojo.
Con un vestido blanco y la bandera nacional como capa, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, saludó a la comitiva roja desde el balcón de la sede de la Consejería de Justicia, en Gran Vía.
A pocos metros de Cibeles, la mirada de todos se dirigó al cielo; la patrulla Águila dibujaba la bandera nacional recordando que la Selección Española se encuentra en lo más alto, en la cúspide del fútbol. La caravana de la victoria prosiguió su camino triunfal por Atocha, Embajadores, Puerta de Toledo... Hasta el Puente del Rey, donde pusieron fin al peregrinaje por la capital del mundo.



