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Siempre Casillas

El portero, al igual que contra Paraguay y Alemania, sostuvo a su equipo con dos intervenciones de número uno y lo celebró besando a Sara Carbonero ante las cámaras

Día 12/07/2010
La veteranía es un grado. Y conocerse, más. Sobre el césped del City había amigos en ambos bandos. Hasta en las posiciones. Laterales contra extremos. En el medio del campo. Porteros contra delanteros. Casillas contra Robben. Compañeros el año pasado en el Real Madrid. Demasiados entrenamientos en la Valdebebas. Se conocen a la perfección. El uno como dribla buscando su pierna buena y el otro por dónde se acuesta cuando le encara el rival.
El extremo holandés se vio con el portero a la hora de juego. Pase en profundidad de Sneijder al que Piqué no llega. El estadio se pone en pie. Mano a mano. Veinte metros de carrera en solitario hasta el momento del impacto. Hay tiempo para pensar de todo. ¿Regateo? ¿Disparo? ¿Amago? Mientras Casillas ve de frente al morlaco. Un pasito hacia delante. Hay que ganar terreno. Otro más. Y cerrar el ángulo. Se acerca el momento. Hay que decidirse. Robben no amaga. Casillas se tira hacia su lado izquierdo y deja la pierna.
Chuta el delantero y el balón impacta contra la bota del portero. Un segundo de incertidumbre. La pelota se aleja de la portería y sale por la línea de fondo. La mejor oportunidad se esfumó. Se llevó el gato al agua el portero. Respiró la selección y un país. Un aviso no apto para corazones frágiles. Se esfumó la mejor ocasión para Holanda mientras España seguía dominando sin encontrar una fisura al orden táctico del rival.
Pero ahí no acabaron los avisos de Robben. Se volvió a colar entre los centrales, en un alarde de velocidad y se volvió a encontrar con su antiguo compañero. En esa ocasión no tuvo tanta ventaja y Casillas le robó de nuevo la cartera en otra acción felina. Dos balas salvadas y el cargador cada vez más vacío. Y la suerte no se puede tentar tantas veces. Íker llevó a la selección a la prórroga porque Villa no vio puerta. Raro en él. Pero así es el oficio de goleador. Tuvo una y la sacó Heitinga con los pies. La final se trabó de mala manera. Entre la permisividad del colegiado y el buen planteamiento del rival. Poco que hacer. Como el encuentro no se resolvió en las tres primeras ocasiones de que dispuso España se cerró el juego. Partido feo. Sostenido por la incertidumbre del resultado. Nada más. Íker salvó a España de la quema y no encontró un compañero amigo en el otro área.
Los partidos grandes son para los futbolistas consagrados. Y España tiene al mejor portero del mundo. Una pieza más de un puzzle consagrado. Una maquinaria bien engrasada. Un proyecto que culminó Andrés Iniesta con un gol de clase. Como en Stamford Bridge.
En nombre de Arconada
Iniesta y Casillas, nombres propios de una final agónica que se decidió después de dos horas de batalla. Último ataque de Holanda, balón bombeado, nadie llega al remate. El reloj ha consumido el tiempo extra y Jabulani cae en manos de Íker Casillas. ¡Se acabó! Hay campeón. Justo. Merecido. El portero rompe a llorar. Alguien se encargó de recordarle antes del partido las palabras de Antonio Mezquita en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Había sido elegido junto con otros trescientos chavales para formar parte de la cantera. «De todos los que estáis aquí uno o ninguno llegaréis arriba. Al primer equipo. A lo más alto».
Una lección que nunca olvidó. Por eso quizás rompió a llorar. Y por mil cosas más. La vida suele ser justa con los campeones. Nunca se puede dudar de ellos. Y del portero de España se dudó más de los debido. Sufrió durante el Mundial un momento complicado porque se empleó una faceta de su vida privada para hacerle daño. Calló. Tragó. Masticó. Y no pasó factura. No era preciso. Nunca se marchó, pese a los más escépticos. Lloró como un niño porque sigue siendo un niño mayor. Lágrimas de campeón. Villa se abrazó a él para consolarle. España lloraba de felicidad. Volvió a flaquear Casillas cuando le entregaron el trofeo. Otra foto para la posteridad. Con el mismo diseño de camiseta que empleó Arconada en la final de la Eurocopa que se perdió en París.
Las emociones solaparon todo tipo de formalismos en el campo. Vicente del Bosque fue manteado por los jugadores, pese al estado precario de su cadera. Un vuelo sin motor de poca altura. Pepe Reina cogió en brazos a su hija. Iniesta fue llevado en hombros. Y, para desquite personal, un besazo de Casillas a su novia (Sara Carbonero) ante las cámaras para que en Inglaterra y en cualquier rincón del planeta entiendan que el capitán está por encima de todos los chascarrillos.
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