El primer título de esta película es el de ser la obra póstuma del director francés Claude Berri (el de «Germinal») y el segundo, el de estar codirigida por el no menos célebre François Dupeyron. Y aún podría tener como tercer título en propiedad el de ser una de las piezas más falsamente banales del cine de este siglo.
Supuestamente, la película trata de los estragos que puede ocasionar un sencillo perro en la vida y el hogar de una pareja perfecta, aunque hay que sospechar que tras la inane peripecia se encierre una mayor carga de dinamita: el hueco enorme que siempre hay en la solidez de una pareja perfecta y lo bien que ladra el diablo llegado el momento.
Y en ese terreno confuso entre la banalidad y la profundidad que tan bien domina el cine francés, Berri y Dupeyron eligen afortunadamente el tono de la comedia un poco tonta, y en ella, al menos, uno puede sorprenderse con el aliño argumental de unos personajes «graciosos», como la psicóloga canina que interpreta Fanny Ardant o el friki obsesivo que interpreta Stéphane Freiss, o la perpetua cara de pasmo del protagonista, Alain Chabat, ante la inmersión a pulmón libre que hace su mujer, la estupenda Matilde Seigner, en el proceloso mundo del perrito de compañía. No sé, pero con un leopardo Cary Grant y Katharine Hepburn llegaban a conclusiones más complejas y divertidas.


