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España tiene camino andado. El sistema financiero español no ha sido de los peor regulados, sino que es una referencia
Su carta: el acuerdo definitivo para aprobar la mayor reforma financiera que Estados Unidos ha conocido en setenta años, un auténtico rediseño de las reglas de Wall Street, que pone coto a la intocable banca y otorga cierto control de la situación a la ciudadanía. Ahí es nada. Un mensaje de tranquilidad para el resto del mundo.
Una reforma financiera que abarca desde la reestructuración de los supervisores de Wall Street a hacer más transparentes las operaciones de la banca. Pero ¿es esta reforma la que se necesitaba o sólo la única posible? «Es una ley dura, más dura de lo que todo el mundo predijo y, francamente más dura de lo que yo mismo esperaba», ha manifestado el presidente del comité de Asuntos Financieros de la Cámara, Barney Frank.
Ahora les toca mover ficha a otros. ¿Es factible una reforma financiera similar al otro lado del Atlántico? ¿Pueden trasladarse iguales normas a la globalidad? «Una reforma financiera mundial, si bien es muy deseable, resulta imposible con tres áreas monetarias radicalmente diferentes y una que inicia su caminar», apunta el profesor Juan Velarde Fuertes, vicepresidente de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas.
Las áreas a las que hace referencia son la del dólar, la del euro y la de la libra esterlina. La que inicia su deambular, es la del yuan chino. ¿Y el yen? «Se ha estancado y ha perdido peso. Coordinar todo esto resulta prácticamente imposible a corto plazo. El hundimiento del patrón oro-dólar unido al FMI, ha generado algo que motiva que cada área tenga que arreglar sus propios problemas aunque perturbe otras», explica Velarde.
Los expertos consultados coinciden en que, en relación con el área del euro, se antoja necesario algo más que ir cada uno por su lado, si bien destacan que la organización crediticia de todos y cada uno de los países deja mucho que desear. «Los bancos centrales de cada país no han hecho gran cosa para poner orden interno, seducidos por el fuerte desarrollo que existió hasta 2007, y el BCE ha hecho lo que se esperaba: ponerse a las órdenes de Francia y Alemania, como era lógico», concluye el profesor Velarde.
España, ¿otro cantar?
Rehacer todo esto pues, es necesario, pero en el caso de España, con la crisis económica cercando más si cabe a las entidades financieras mezclado con la fuerte deuda bancaria exterior, ¿va a resolverse de otro modo que con medidas parciales sin más? Respuestas hay para todos los gustos, pero muchas coincidentes. Para Juan Ignacio Sanz, profesor de banca y mercado de valores de la Facultad de Derecho de Esade, la solución tiene que pasar inexorablemente porque el empleo se recupere, puesto que es el principal problema de la banca. Si no hay trabajo, la mora sube. Y sube... Y sigue subiendo. No en vano, los últimos datos disponibles del Banco de España hablan de una morosidad conjunta —la media de la mora de los créditos concedidos por bancos, cajas, cooperativas y establecimientos financieros de crédito a particulares y empresas— del 5,49% en abril, la más alta desde marzo de 1996, mientras el número de desempleados en dicho mes superaba la cifra de los cuatro millones.
¿Se tornará la tendencia en algún momento de este ejercicio? El propio Banco de España ha destacado en numerosas ocasiones que la morosidad continuará aumentando hasta finales de año como consecuencia del deterioro de la actividad económica y el aumento del paro, por lo que perspectivas de cambio, pocas.
Las cajas, sólo el primer paso
Mientras la situación exógena vea o no luz al final del túnel, la realidad endógena de la banca tiende a poner en marcha la maquinaria de una reforma pendiente, por acabar. Con la reordenación del sector de las cajas de ahorros. Si bien, no acaba, ni mucho menos, ahí. «La reforma financiera es básicamente internacional —incide Santiago Fernández de Lis, director del Departamento Internacional de Analistas Financieros Internacionales (AFI)— porque los fallos detectados han sido globales y su solución debería serlo también, aunque la tendencia del último G-20 es un poco preocupante en este sentido. Parece que cada país va a ir por su propio camino».
En este sentido, España tiene camino andado. De hecho, el sistema financiero español, no ha sido de los que peor regulación ha tenido. Muy al contrario algunas regulaciones españolas se están usando como referencia para la reforma internacional: la provisión dinámica —guardar dinero en los tiempos buenos para gastarlo en los tiempos malos—; los requisitos de consolidación de las llamadas entidades fuera de balance —que han evitado que se generen productos tóxicos como el subprime USA; y, el Fondo de Garantía de Depósitos.
El sistema español es referencia para la reforma mundial
Por todo ello, las cajas y la banca mediana tienen que tomar decisiones urgentes y, de hecho ya las están tomando. La reforma exige una reestructuración del sector con fusiones y adquisiciones; un cambio en la normativa de las cajas y fusiones en banca mediana. «Internamente necesitan revisar sus criterios de riesgo y mejorar la eficiencia operativa. Ello lleva consigo la reducción de plantillas y el empleo de nuevas tecnologías entre otras medidas», concluye Pin Arboledas.
Esta semana, el Banco de España daba casi por concluido el mapa del proceso de reestructuración de las cajas, con una serie de operaciones de integración autorizadas o en fase de autorización que «implican la mayor reordenación del sector en la historia reciente», explican desde la autoridad supervisora.
Hacen falta movimientos corporativos y fusiones en banca mediana
La duración de la crisis hace que nadie esté a salvo de la morosidad
Manuel Romera, director del Sector Financiero de IE Business School, también cree que hace falta una reforma del sistema más amplia. «Es necesario gestionar eficientemente los coeficientes de caja e incrementarlos para que tengan capacidad de reacción en el caso de que los depositantes necesiten disponer de sus depósitos. Basilea III establece un «core capital» necesario muy superior al actual, y eso sería aplicable igualmente a todas las entidades financieras españolas». Al menos, la maquinaria está en marcha.







