Las vivencias en esa ciudad japonesa donde «incluso el alcalde nos traía sandías para que las probáramos» les ha enriquecido de tal forma que sólo tienen buenas palabras sobre esta cultura tan lejana a la nuestra. Gelabert intenta narrar la combinación de las diferentes estilos. «Comparto escenario con el bailarín de buto Katsura Kan y el bailarín de danza contemporánea Tomohiko Tsujimoto; yo estoy en medio de ellos y juntos creamos como un arco...».
Amat insiste en que «hemos huido de los esteriotipos» y que desde el principio «optamos por desnudarnos y entregarnos al trabajo en equipo». Todos confiesan que fue complicado arrancar porque la lengua les distanciaba mucho pero después de tres días conflictivos todo empezó a fluir. En cuanto al título, «Ki», es un vocablo que significa muchas cosas pero «en esta ocasión hace referencia al primer sonido que hacen las maderas al inciar el espectáculo kabuki en un teatro de madera», explica Amat.
El pintor que se ocupa del escenario y del vestuario ha disfrutado mucho al trabajar la fusión entre las sensibilidades mediterráneas y orientales. La creación de «Ki» creó gran expectación en Yamaga que celebró con este estreno el centenario de su teatro.












