El 17 de junio Íñigo Sagardoy (Madrid, 1968) ha sido nombrado presidente de Sagardoy Abogados, uno de los bufetes laboralistas más prestigiosos de España que este año cumple su 30 aniversario. El testigo se lo cedió su padre, Juan Antonio Sagardoy, una autoridad en materia laboral, que pasa a ocupar la presidencia de honor. El maestro no ha podido ser mejor y el reto, mayúsculo, que Sagardoy hijo asume con «gran entusiasmo, honor y responsabilidad» tras la culminación de un proceso de transición que comenzó de forma ordenada en 2006. El relevo llega en un momento nada fácil: en plena crisis económica, con 4,6 millones de parados y una polémica reforma laboral en marcha que no ha contentado a nadie.
-La pregunta es obligada. ¿Qué le parece la reforma laboral diseñada por Gobierno?
-Lo cierto es que no ha contentado ni deja indiferente a nadie porque se tocan temas muy complejos. El gran problema ha sido su tardanza y que se centra más en prevenir la destrucción de empleo que en crearlo. Si esta reforma se hubiera hecho hace tres años muchos despidos se hubieran evitado. Una vez puesta encima de la mesa, el contenido de la reforma resulta insuficiente porque lo que realmente crea empleo, y no se ha avanzado nada en este sentido, es la flexibilidad interna en las empresas. Es imprescindible que la ley no ponga obstáculos al empresario para poder flexibilizar las relaciones laborales como alternativa al despido. Un empresario debe poder realizar nuevos contratos indefinidos sin percibirlos como un lastre, como ocurre hoy, a diferencia del contrato temporal, un activo que se sigue vendiendo bien. Esta cultura es la que hay que cambiar. Y no se conseguirá si no se dan al empresario elementos de flexibilidad laboral. Que el despido sea más caro o más barato importa menos. El empresario se va a animar a contratar si tiene esta flexibilidad y el entorno económico acompaña.
-¿Se ha perdido entonces una ocasión única para poder favorecer la creación de empleo en España?
-Sí, se ha perdido una ocasión de oro. No sé si se conseguirá algún avance en este sentido con las enmiendas que se introducirán en el trámite parlamentario, aunque soy algo escéptico. Aún así, hay que reconocer que finalmente el Gobierno ha dado el paso, se ha hecho una reforma laboral y esto en sí es positivo.
-Son muchos lo que reclaman un contrato único con despido creciente para animar la contratación.
-La reforma laboral reducirá un poco más la brecha entre contratos temporales e indefinidos. El contrato temporal se ha penalizado y se ha incentivado el contrato indefinido con una rebaja del coste por despido. La única fórmula de animar la contratación es que se ponga en marcha un contrato único con mayor flexibilidad. Si se consiguiera llegar a la vía del contrato único, como ya ocurre en otros países europeos —tiene que haber algunos temporales como el de interinidad, formación…—, los empresarios se animarían a contratar.
Despido económico
-Las mayores críticas recibidas están prácticamente centradas en las facilidades que introduce la norma en el despido económico procedente.
-La reforma está pensada a futuro, para los nuevos contratos. A los trabajadores actuales no se les tocan los derechos económicos, aunque sí, es verdad, que se han suavizado o flexibilizado las causas de despido objetivo. Quizá los trabajadores en activo sí pueden estar afectados por la reforma, aunque dependerá de las interpretaciones que de la ley hagan los tribunales. Como ha ocurrido con todas las reformas que se han puesto en marcha, se necesita un recorrido; aún hay sentencias que siguen interpretando la reforma de 1994...
-La entrada en vigor de la reforma, ¿favorece el aumento de despidos?
-No necesariamente por la reforma laboral. Facilitar los despidos a las empresas en estos momentos no es la mejor opción. Éstos van a ser más baratos, pero esta reforma no va a propiciarlos, entre otras cosas porque el despido colectivo no se toca. Habrá despidos si la situación económica queda estancada, si no avanza, pero no por la reforma aprobada.
-¿Cree, al menos, que la reforma laboral aportará dosis adicionales de confianza y credibilidad, lo que tanto necesita la economía española?
-Parece que hemos superado el examen. Al menos se ha hecho una reforma, algo que ya en sí es positivo, aunque hay que atender a la letra pequeña. De cara a Europa se ha dado un primer paso y ha sido muy bien aceptado.
-¿Qué le parece que el Gobierno subvencione ocho días de despido a las empresas?
-Ésta va a ser una aplicación de la reforma muy limitada; tiene su truco. La reforma laboral nos dice que los ocho días que paga el Fogasa lo hará, primero, para los nuevos contratos que se realicen a partir de entrada en vigor de la norma —no para los antiguos— y para aquellos contratos indefinidos que duren más de un año. Es decir, que si yo realizo un contrato ahora mismo, como la ley me exige que el Fogasa empiece a pagar cuando el contrato dure más de un año, el fondo asumirá ese coste a partir de julio de 2011. Además va a ser una medida transitoria porque a partir del 1 de enero de 2012 va a entrar en vigor el modelo austriaco que sustituirá al pago del Fogasa, por lo que este fondo sólo va a asumir durante seis meses el coste del despido.
-¿Qué opina del modelo austriaco?
-Es un modelo complicado. Se creó porque el sistema de pensiones en Austria era realmente complejo, muy deficiente y porque la indemnización por despido no era para todos los trabajadores por igual, sino sólo para un grupo. Se quiso de un plumazo solventar dos problemas: privatizar las pensiones a través de ese fondo y universalizar el coste del despido. Importarlo de buenas a primeras a España, cuando el despido sigue siendo muy alto en España, cuando se dice en el real decreto que su puesta en marcha no va a incrementar las cotizaciones de los empresarios... No sé cómo se articulará este modelo, cómo se pondrá en marcha. Si incrementa el coste empresarial, evidentemente, será negativo.
-¿Es partidario de abaratar más el coste de los despidos en España?
-No. Pienso que hay que proteger el puesto de trabajo; hay que prestar más atención a los mecanismos que propicien que un trabajador que es despedido, que recibida una indemnización mayor o menor, pueda recolocarse rápidamente. Es imprescindible fomentar la contratación porque lo que quiere un trabajador si es despedido no es cobrar un dineral por su despido, sino volver a trabajar. Que tenga un contrato bueno y que pueda ser contratado de forma rápida y que los servicios públicos de empleo, ahora también las agencias privadas de colocación, le ayuden a encontrar trabajo rápido, eso es lo esencial. La referencia de un modelo de búsqueda de empleo que funciona es el danés; no es sólo un modelo de pago, además es un sistema de acompañamiento, de reciclaje y de formación.
-¿Usted es de los que cree que ahora sería el momento de bajar cotizaciones sociales a las empresas?
-Creo que si se hiciera bien, si se aplicara una rebaja de manera paulatina, progresiva y selectivamente sería muy bueno. Selectivamente, me refiero a aquellas empresas que creen puestos de trabajo y que den formación a los trabajadores. ¿Por qué reducir cotizaciones sociales a todas las empresas?
-El ministro de Trabajo en una entrevista con ABC adelantó hace unos días que una vez haya pasado la crisis habrá que reformar el sistema de protección por desempleo para centrarlo en políticas activas en lugar de pasivas ¿Comparte usted este objetivo?
-Sí, soy partidario de una reforma siempre que vaya acompañada de más medidas de políticas activas de empleo. La reducción de la prestación por desempleo en sí misma no sirve para nada, pero si va acompañada de otros mecanismos, puede incentivar la inserción del parado en el mercado de trabajo.
-Algunos economistas han apuntado dos opciones para una reforma del mercado de trabajo. Una, para grandes compañías y otra, específica, para pequeñas y medianas empresas...
-Por este camino ya fue Italia y creo que en nuestro país algún grupo político va a ir también por esa línea en las enmiendas que se van a presentar a la reforma laboral en el Congreso. Sería una opción muy positiva en muchos aspectos para nuestro mercado de trabajo. Una opción muy interesante que haya una legislación laboral específica para pymes, aunque sea de forma transitoria. Deberíamos probar a hacer un régimen de excepcionalidad, ya que ahora estamos en una situación excepcional y permitir que la pyme se pueda beneficiar de una legislación laboral más flexible, sobre todo en lo que respecta a las jornadas laborales. En Italia se ha creado, incluso, un contrato de trabajo específico para pymes, lo que no está nada mal. Sería una opción muy interesante. CiU quería avanzar en este aspecto en España.
Reforma tras las enmiendas
-¿Cómo quedará la reforma laboral tras el proceso de enmiendas?
-Algo va a cambiar, aunque no sustancialmente, porque el espíritu de la norma se mantendrá. Seguramente, se modificará algo la redacción de las causas por despido objetivo, y podría avanzarse hacia un contrato único.
-La subida del paro se ha suavizado, aunque las cifras siguen siendo de miedo. ¿Cuál es su pronóstico a corto plazo?
-Las cifras de destrucción de empleo registradas en 2008 en nuestro país son irrepetibles, aunque aún no se verá a corto plazo una salida del túnel.
-Al margen de la reforma laboral, ¿qué más debería hacer el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para favorecer la creación de puestos de trabajo?
-Crear un entorno económico propicio porque muchas pequeñas y medianas empresas no se atreven a contratar hasta no ver que la situación económica es más estable y segura. Hacen falta más reformas estructurales, entre ellas la fiscal, rebaja de cotizaciones y menos costes empresariales.









