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La última esperanza

El nombramiento de David Petraeus abre una interrogante más en el ya delicado y complejo escenario afgano

Día 25/06/2010 - 04.53h
El nombramiento de David Petraeus como nuevo jefe de los 140.000 integrantes de las fuerzas de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán abre una interrogante más en el ya delicado y complejo escenario afgano. Su sustitución por McChrystal aparenta una continuidad en la aplicación de las modernas teorías de contrainsurgencia americanas —copiadas en gran parte de las experiencias de los franceses en Argelia—, de las que el propio Petraeus es uno de sus principales artífices. Un postrer intento ante un éxito escurridizo.
Tras una década de esfuerzos militares, diplomáticos y económicos, no se ha conseguido que una amplia mayoría de la población apoye incondicionalmente al gobierno de Karzai, al que siguen considerando como corrupto y vendido a los foráneos. El incremento de las tropas sólo parece haber servido para aumentar las bajas. La frontera paquistaní sigue siendo permeable y elemento protector de los insurgentes.
Pero casi imposible lo tiene Petraeus para aplicar algo novedoso que reconduzca la situación, como hiciera exitosamente en Irak, donde consiguió reducir muy notablemente el número de fallecidos entre las tropas propias.
Afganistán, con un territorio mucho más amplio, inhóspito y quebrado, es la pura definición del país indómito por excelencia, que sigue viviendo y rigiéndose por principios de hace cinco siglos.
Un dédalo de incultura, pobreza y fanatismo, cuyo pueblo afirma su orgulloso pasado de permanente y victorioso enfrentamiento a los extranjeros, desde Alejandro Magno, a británicos y soviéticos.
La gran mayoría de los afganos siguen siendo ajenos a la comprensión occidental de la democracia, los derechos humanos y el liberalismo. Buena parte sólo reconoce la autoridad del clan, sin tener la menor noción del concepto de nación.
Durante su año en el puesto, no pudo McChrystal cosechar triunfos que contentaran a los políticos, a pesar de reducir las operaciones militares, restringir el uso de la fuerza y apostar por el nuevo ejército afgano. En el que queda para que se empiecen a retirar las fuerzas americanas, envenenada responsabilidad le dan a Petraeus.
Demasiadas dudas que repercuten directamente en la credibilidad y en la futura eficacia de la Alianza Atlántica, cuyos resultados en esta difícil operación son vigilados muy de cerca por los que algún día se podrían convertir en sus adversarios.
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