Llegó la hora del general Petraeus y el héroe de Irak acude al rescate de una misión afgana de la que queda apartado su delfín, Stanley McChrystal. A partir de ahora dejará de ser el estratega en la sombra del cambio de rumbo en la contienda contra los talibanes –una labor que desempeñaba desde su puesto de líder del Comando Central de fuerzas militares del Ejército norteamericano - para ser la cara visible de las fuerzas americanas y de la OTAN en el país asiático. Washington apuesta fuerte y pone en escena a su principal valor en la lucha contra la insurgencia.
El reto le llega a los 58 años y, aunque no le gusta comparar las guerras de Irak y Afganistán, en un escenario parecido al que se encontró en 2007 en Bagdad cuando llegó al país árabe para acabar con la violencia sectaria. Aquella fue su tercera misión en suelo iraquí –en 2003 llegó al frente de la 101 División Aerotransportada en el norte y posteriormente fue nombrado comandante del Mando Multinacional para la Seguridad en la Transición - y no dudó en pedir refuerzos porque “una retirada sería devastadora”, según explicó durante su comparecencia ante el Congreso.
Le concedieron treinta mil hombres –los mismos que al hasta ahora jefe de la misión afgana, Stanley McChrystal- y él se encargó de desplegarlos en Bagdad y sus alrededores. Sacó a los hombres de las bases, les puso a patrullar de forma intensa y aunque el número de bajas se disparó en las primeras semanas, no cambió de idea.
Su objetivo era “proteger a la población de la violencia” y “reducir las bajas civiles”, según repetía en sus discursos, para ello ideó además la doctrina del “surge” por la que Estados Unidos pagó a las principales milicias suníes para que dejaran de luchar del lado de Al Qaeda y se convirtieran en milicias a las órdenes del gobierno central.
Un año después de la entrada en vigor de su plan la violencia se redujo un 60% y se empezó a hablar de retirada de las fuerzas de combate americanas, una retirada que se completará el próximo 31 de agosto.
Le concedieron treinta mil hombres –los mismos que al hasta ahora jefe de la misión afgana, Stanley McChrystal- y él se encargó de desplegarlos en Bagdad y sus alrededores. Sacó a los hombres de las bases, les puso a patrullar de forma intensa y aunque el número de bajas se disparó en las primeras semanas, no cambió de idea.
Un año después de aplicar su plan la violencia en Irak se redujo un 60 %
Su objetivo era “proteger a la población de la violencia” y “reducir las bajas civiles”, según repetía en sus discursos, para ello ideó además la doctrina del “surge” por la que Estados Unidos pagó a las principales milicias suníes para que dejaran de luchar del lado de Al Qaeda y se convirtieran en milicias a las órdenes del gobierno central.
Un año después de la entrada en vigor de su plan la violencia se redujo un 60% y se empezó a hablar de retirada de las fuerzas de combate americanas, una retirada que se completará el próximo 31 de agosto.
Dedicado en cuerpo y alma al Ejército desde su graduación en West Point en 1974, su fijación por la contrainsurgencia nació con la guerra de Vietnam a la que dedicó su tesis doctoral.
Primeras misiones en Haití, Kuwait y Bosnia
Sus primeras misiones internacionales fueron en Haití, Kuwait y Bosnia, pero fueron sus tres misiones en Irak las que le convirtieron en el militar más mediático de Estados Unidos. Se convirtió en el hombre fuerte de George Bush sobre el terreno, en la única salvación posible de una posguerra sangrienta y tuvo que superar el marcaje férreo al que le sometieron los entonces senadores Barack Obama o Hillary Clinton.
Su capacidad de desenvolverse en la arena política hizo surgir rumores sobre su posible carrera hacia la Casa Blanca una vez terminada su carrera militar, rumores que el propio Petraeus se apresuró a desmentir.
Su capacidad de desenvolverse en la arena política hizo surgir rumores sobre su posible carrera hacia la Casa Blanca una vez terminada su carrera militar, rumores que el propio Petraeus se apresuró a desmentir.
Dos años después no sólo parece que superó la prueba, sino que aquellos que ponían en duda sus éxitos en Irak como herramienta política para degastar a Bush recurren a su persona para solucionar la campaña afgana.
Los expertos aseguran que su mano ha estado presente en las grandes decisiones de McChrystal como la operación de Marjah (Helmand) de febrero o la nueva estrategia de “lucha por las mentes y los corazones”. Parece que Estados Unidos y la comunidad internacional tienen prisa y buscan en Petraeus un “surge” a la afgana que les ayude a iniciar el repliegue, pero el general siempre ha tenido muy claro que ambos escenarios son radicalmente diferentes. ¿Qué ocurrirá si Petraeus también fracasa?
Los expertos aseguran que su mano ha estado presente en las grandes decisiones de McChrystal como la operación de Marjah (Helmand) de febrero o la nueva estrategia de “lucha por las mentes y los corazones”. Parece que Estados Unidos y la comunidad internacional tienen prisa y buscan en Petraeus un “surge” a la afgana que les ayude a iniciar el repliegue, pero el general siempre ha tenido muy claro que ambos escenarios son radicalmente diferentes. ¿Qué ocurrirá si Petraeus también fracasa?









