Que Miley Cyrus —ídolo infantil en todo el mundo a través de su alter egoHannah Montana—, y todavía menor de edad, quiere dejar atrás a marchas forzadas su imagen pubescente, es un hecho incuestionable. Basta remitirse al descaro —a menudo excesivo— de los atuendos que está mostrando en sus últimos conciertos, incluido el que ofreció en Madrid, dentro de Rock in Río, y que motivó las quejas de algunos padres, que los consideraban inapropiados para un público infantil. Y de esta rompedora guisa se ha mostrado en Toronto la joven cantante estadounidense, que parece empeñada en convertirse en epígono de Madonna.




