Los grupos minoritarios han vuelto a dejar solo a Zapatero una vez más, al igual que lo hicieron en el decretazo. La izquierda —ERC-IU-ICV— votará en contra y los nacionalistas de izquierdas -BNG y Nafarroa Bai- también dirán no. Otros, como CiU y el PNV, muleta del presidente en otras ocasiones trascendentales, se abstendrán. La abstención más dolorosa será la de CiU, que hasta última hora estuvo jugando con la abstención y el voto en contra.
El presidente prefirió no estar en el hemiciclo, no escuchar la soledad en la que se quedó. No quería escuchar al diputado de CiU, Carles Campuzano, decir que «una buena salida para la crisis exige una mejor reforma laboral» y que «llega tarde porque se ha perdido demasiado tiempo». Tampoco quería oir los reproches de un PNV que, a través de Emilio Olabarría, le reiteraba, una y otra vez, que la reforma estaba «mal enfocada».
Mucho menos le interesaba estar presente en el hemiciclo cuando Joan Herrera, de ICV, le decía que la reforma laboral es un «ajuste de caballo para los trabajadores» y un «volantazo a la derecha». Desde ERC, Joan Ridao, le recriminaba que la reforma es «un auténtica contrarreforma y le ha hecho el trabajo sucio a la patronal».
Para Rosa Díez, de UPyD, esta reforma del mercado laboral «no es la que necesita España, es insustancial, confusa y generará más problemas». Además, advirtó que «por sí sola no sirve». A juicio de Carlos Salvador, de UPN, «no es tiempo de parches» y la propuesta de cambio en el mercado laboral llega muy tarde».
Finalmente, el BNG aseguró que «es una guerra absoluta contra el Estado del bienestar»; y Coalición Canaria destacó que «sale sin el mínimo entusiasmo».




