Hay que empezar con nuevos ánimos, objetivos claros y realistas y perseverar». Son palabras de Arantxa Argüelles, una de las grandes bailarinas de la historia de nuestra danza, y ahora directora de una escuela en Zaragoza, su tierra natal. Los veinte años a los que se refiere son el período en que Nacho Duato ha dirigido la Compañía Nacional de Danza (CND), al que se pondrá punto final el próximo 31 de julio. Antes, el coreógrafo valenciano se despedirá del público madrileño; será en el teatro de la Zarzuela, a partir del viernes próximo, con un programa que incluye la hermosa y legendaria coreografía «Arenal», con música de María del Mar Bonet.
Arantxa Argüelles fue una de las primeras «víctimas» de Duato; con la llegada del valenciano, el ballet clásico quedó desterrado de la CND. Su marcha abre las puertas a la recuperación de un repertorio añorado por un público al que se le han ofrecido con cuentagotas espectáculos de ballet de nivel. En estos últimos años han proliferado las voces que reclamaban una compañía de ballet clásico y se han diseñado o se han puesto en marcha diferentes proyectos que, en algunos casos, han venido avalados por nombres de tanto prestigio como Tamara Rojo o Ángel Corella.
«El Ministerio de Cultura debe ocuparse de la danza clásica —asegura Félix Palomero, director general del Inaem—. Y la idea es que lo que se haga sea desde dentro, con las estructuras actuales; no es posible crecer, y los recursos son las propias compañías».
La elaboración del Plan General de la Danza, aprobado el pasado noviembre y redactado por representantes de distintos sectores, ha sido el primer paso de una reestructuración de la danza en España impulsada por Cultura, y que tiene en el cambio de la Compañía Nacional de Danza uno de sus jalones más llamativos. Palomero es consciente de que el repertorio clásico es un objetivo, pero la idea del Ministerio es que la Compañía Nacional de Danza evolucione hacia un repertorio neoclásico. «Son varios los modelos en otros países que establecen —continúa Palomero— el desarrollo de una compañía mixta en lo referente al repertorio; creemos que ése es el modelo del futuro por el que se ha de apostar. Muchos expertos piden que se supere ese debate dialéctico de estilos».
Repertorio amplio
Arantxa Argüelles sigue esa línea y asegura que «una compañía nacional debe abarcar un repertorio amplio, desde los grandes clásicos hasta obras actuales, exactamente igual que lo puede hacer una orquesta. Pero debemos tener muy claro que esto no se consigue de la noche a la mañana, se necesitan años de trabajo, esfuerzo y apoyos institucionales y privados si se quiere tener algún día una compañía equiparable a las grandes (como pueda ser el Royal
Ballet de Londres). Y el que crea que esto se puede lograr rápidamente es un iluso; quizás se pueda tener un momento de gloria, sacar adelante y con buena nota una gran producción, pero la estabilidad y la continuidad de una compañía es más que esto».
En abril se aprobó en Consejo de Ministros la creación del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música y de los Consejos Sectoriales de Músca, Danza, Teatro y Circo, a quienes corresponde, entre otras tareas, el asesoramiento «en el procedimiento de selección de los directores de los centros de creación artística de su ámbito». A la constitución del Consejo de la Danza seguirá, según el calendario previsto por Cultura, la elaboración del proyecto y la convocatoria del concurso de candidatos. La idea del Inaem es contar en otoño —y, como muy tarde, antes de concluir el año— con el nuevo director de la Compañía Nacional de Danza.
Son muchos los nombres que se han barajado para esta sucesión: desde Tamara Rojo —que contestó con un sonoro «¡Noooo!» a la pregunta de ABC de si se presentaría al concurso— a Ángel Corella, pasando por José Martínez, estrella de la Ópera de París. En el Inaem abren una nueva posibilidad: «El modelo admite que el director sea un gestor. Es importante trasladar la idea de que el director no tienen por qué ser un artista».




