Música

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«España apuesta por el contemporáneo para dar una imagen progresista»

El coreógrafo y bailarín catalán David Campos denuncia la falta de sensibilidad y apoyo gubernamental hacia la danza clásica

Día 21/06/2010 - 15.51h
Su propuesta opta por el clásico pero también recoge tendencias más contemporáneas. En esa línea ha representado modernas versiones de espectáculos tradicionales como «El Cascanueces», «Blancanieves» y el «El quijote». A pesar de sus limitaciones de plantilla, el ballet de David Campos es la única compañía de danza clásica con una estructura estable en Cataluña.
- ¿Cómo es la situación de la compañía en la actualidad?
- Anteriormente recibíamos una pequeña subvención del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música) y de la Generalitat de Santa Coloma de Gramenet y parecía que este año iba a continuar porque 2009 fue buenísimo, con producciones nuevas y 23 mil espectadores. Conseguimos que la Generalitat cumpliera con lo pactado, pero la INAEM nos quitó la subvención que teníamos. Nos resultó sospechoso porque todo estaba a nuestro favor. No contemplaron la especificidad de la compañía y nos pusieron a la altura de cualquier otro proyecto, aunque seamos una compañía clásica.
- ¿Por qué cree que le es tan difícil a la danza clásica recibir subvenciones?
- Un ballet necesita tener una estructura laboral. No se puede trabajar con contratos de un mes. A la administración le da miedo ese compromiso porque las subvenciones no son para dar empleo sino para generar proyectos. Pero para que una compañía clásica funcione bien tiene que consolidar muchísimo su plantilla artística. La calidad y la captación de público dependen de eso. Y es, además, un presupuesto que se reinvierte, porque si acude la gente a los teatros, estos no tendrán tantas dificultades.
- ¿No los beneficia, en este aspecto, la escasez de compañías de ballet que hay en España?
- No, porque el problema de una compañía clásica es que tiene que tener una estructura laboral continuada: yo necesito conocer bien a mis bailarines, dejar que crezcan, darles oportunidades para que mejoren. Esto no pasa en una compañía contemporánea corriente donde lo más importante son las ideas, no el bailarín y su técnica. En los países desarrollados se entiende que el ballet clásico es el método científico para formar a bailarines. Es la danza madre, la base de todas las demás. Pero, en España, apuestan por la contemporánea para dar una imagen más progresista porque creen que así están a la altura de Alemania o de Francia. Es un error y es muy injusto.
- ¿Se asocia la danza clásica con lo extranjero?
- La danza clásica es un producto que siempre se ha importado: el Royal Ballet, el de Montecarlo. La idea que subyace es que aquí somos incapaces y eso no es verdad, es antipedagógico incluso. Hay que demostrarles a los alumnos que es posible, que podemos hacerlo, que la solución no sólo es ir fuera. Pero también está el problema de los bajos salarios. En cualquier país europeo un bailarín recibe un buen sueldo. En el caso de mi compañía, a los intérpretes les queda unos 800 o 900 euros brutos por mes.
- ¿Cuál es la relación del público con la danza clásica?
- A los espectadores les asustan las nuevas producciones. Llevamos tantos años dando danza contemporánea con títulos surrealistas que se ha ido perdiendo la audiencia. Pero no es al público al que le falta sensibilidad por la danza clásica, sino a la administración y a los periodistas.
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