Sociedad

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Ferrer, en el panteón de los dioses

Un año después de su desaparición, nadie olvida a Vicente Ferrer. Ni su familia ni las miles de personas que le agradecen su entrega y solidaridad

Día 21/06/2010
Vicente Ferrer ha cruzado la difusa frontera que separa lo divino y lo humano en la cultura india para ingresar en el panteón de deidades del país asiático. Al menos en Anantapur. Ayer, día en que se cumplía el primer aniversario del fallecimiento del humanista español, este distrito del sur de la India recordó al hombre que les mostró el camino de la dignidad y la esperanza. Bailes, canciones y discursos compusieron el homenaje que 8.000 personas rindieron al catalán en el memorial donde descansa. Además de estos emotivos actos, los pobres de solemnidad a los que Ferrer ayudó le homenajearon a su manera: a un lado de la tumba celebraron «puyas» —el rezo hindú— y rompieron cocos, un ritual reservado para las grandes ocasiones y ofrenda de dioses.
Una larga cola pasó ante la tumba del catalán en Bathalapalli. Dejaban guirnaldas, encendían incienso y juntaban las manos en señal de respeto. Solemne y ruidoso, como debe ser en la India. Después, representantes de diferentes religiones —hindú, musulmana y cristiana— leyeron textos que evocaban el carácter del español. También se escucharon sus palabras, a través de los fragmentos de su libro «El encuentro con la realidad», que fueron leídos por cooperantes de la Fundación Vicente Ferrer (FVF), la ONG que fundó el jesuita y que este año opta al Premio Nobel de la Paz. Esta candidatura es apoyada por un elenco de personalidades e impulsada desde instituciones, empresas y medios de comunicación, como ABC. Cuenta con fuerte respaldo ciudadano con casi 130.000 firmas.
El memorial de mármol donde descansa Ferrer, Príncipe de Asturias de la Concordia 1998, cuenta con cuatro entradas. La principal mira al este, igual que los pies del humanista. No es aleatorio. Esta disposición responde al «vastu», el equivalente hindú al «feng shui» chino. La tumba descansa sobre una plataforma, rodeada por un pequeño foso de piedras procedentes de los lugares significativos de la vida del cooperante español. Así, hay piedras del estado de Maharastra, donde Ferrer comenzó su andadura en la India en 1958. También de Gujarat, donde la FVF socorrió a los afectados por el terremoto de 2001 y de Nagapatinam, zona afectada por el tsunami de 2004. Sobre la tumba reposa una cruz, traída de Jerez.
La viuda de Vicente, Anne, quien presidió los actos junto con su hijo Moncho, afirmó que «el mejor homenaje es continuar con su trabajo» ante un auditorio repleto, formado en su mayoría por los beneficiarios de la ONG. En declaraciones a ABC, la ex periodista británica señaló que su misión es «seguir los pasos de Vicente. Ha sido un año especial, porque había muchas expectativas y las estamos cumpliendo. La Fundación va sobre ruedas».
Largo peregrinaje
También sobre ruedas, pero estas de camión, Uligamma recorrió los 100 kilómetros que separan su pueblo, Minglipalli, de Anantapur junto con otras 39 personas. «Vicente es como un padre para nosotros. He venido a darle las gracias»,
explica esta mujer de 34 años, madre de tres hijos y empresaria desde que adquirió un rebaño de corderos, con un microcrédito de la FVF. Otra pequeña empresaria, dedicada a la producción de saris gracias a la Fundación, se acerca a un pequeño altar coronado con un fotografía de Ferrer. Veerammma rompe un coco, recita unas frases y se arrodilla ante el altar. «Le he pedido salud para mi familia», explica la india de 30 años. Y no es la única.
La frontera entre lo divino y lo mundano es incierta, borrosa, en la India. De la misma forma que al dios Ganesha se le pide suerte en las nuevas empresas o a Lakhsmi riqueza, al «father» Ferrer se le piden pequeños favores. Salud, buena suerte, bienestar para el pueblo. Hasta se está construyendo un templo dedicado a su persona en el pueblo de Kundrupi, a 90 kilómetros de Anantapur. Los vecinos de varias localidades decidieron honrar la memoria del hombre que hace 40 años llegó a Anantapur con la idea de erradicar el hambre, el analfabetismo y la miseria. Se decidieron por un templo, que están construyendo con colectas y su propio trabajo. En otros tres pueblos ya han levantado tres bustos de Ferrer. Y en julio se inaugurará una estatua del cooperante en Anantapur.
En el primer año sin Ferrer, la FVF ha expandido sus actividades de forma notable. Han alcanzado 300 nuevos pueblos, elevando la cifra total a 2.604. Y se acaba de dar luz verde a la creación de dos orfanatos para huérfanos con sida. El número de colaboradores ha aumentado en 14.172 personas. Ya son 144.000 los españoles socios de esta institución que ayuda a 2,5 millones de personas en Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, uno de los más pobres de la India.
La revolución silenciosa que comenzó Ferrer hace cuarenta años prosigue su curso. «Se ha ido, pero su espíritu continúa vivo entre nosotros», fue la frase más repetida ayer en Anantapur.
ENVIADO ESPECIAL A ANANTAPUR (INDIA)
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