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«Vendo mi pelo para sobrevivir»

La crisis ha «resucitado» un negocio de la posguerra: la compraventa de pelo. Una empresa de Carabanchel paga de 15 a 70 euros por 100 gramos

Día 20/06/2010 - 17.49h
En un foro de internet se repite el mensaje: «Vendo mi pelo. Melena rizada castaña. Bastante larga». La que habla es la voz de la deseperación, de la crisis. Se encuentra en la red, pero también se oye en la principal tienda de cabello de Madrid. La crisis ha hecho resurgir este negocio, como pasó en la posguerra.
jaime garcía
Primer paso, clasificación y peso del cabello
Lavado de toneladas de cabello
jaime garcía
Desenredar y clasificar
jaime garcía
Cabello desinfectado listo para cardar
jaime garcía
Confección de pelucas
Trenzado y clasificación de extensiones
jaime garcía
Almacenaje
jaime garcía
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Esperanza Massanet, de 39 años, lo sabe muy bien. Nada más llegar de Argentina, con una melena larga y sin trabajo, decidió despojarse de lo que Sansón tanto cuidaba y convertir su cabello en su alternativa al paro. «Por ser pelo natural, me daban 300 euros», cuenta. Como si ofreciera un electrodoméstico, usó internet y lo subastó: «Vendo con urgencia pelo natural de 40 centímetros de largo en muy buen estado». Al parecer, la competencia era dura, porque no lo logró. Tras conseguir un empleo, guardó su coleta para alguna emergencia futura: «Mi cabello es negro y fino, pero no fue suficiente para las chicas que querían comprarlo».
—«Aló... ¿Cuánto me dan por mi cabello?», dice una voz en el auricular.
—«Tendrías que venir, que veamos en qué estado se encuentra y pesarlo», contestaban con sigilo al otro lado del teléfono en Justino Delgado, la empresa más antigua y grande de compra y venta de cabello de Madrid.
Para ellos, la pregunta cada vez es más común y se justifica por la recesión. Su gerente, Yolanda Delgado, lo confirma y asegura que son más españoles los que venden su cabello que inmigrantes. Y explica que, por la situación económica, su empresa volvió al sistema de hace 50 años, cuando compraba el pelo a particulares. En los últimos 15 años habían dejado de adquirirlo en España; traían entre 2.000 y 5.000 kilos de cabello de otros países, pero ahora los españoles han vuelto a vender sus cabelleras.
«Cuando comenzó la crisis, la gente empezó a preguntarnos si podía venderlo, y como vimos que eran bastantes los interesados, decidimos retomar el sistema con el que empezamos. Veíamos que podía ayudar a la gente y, al mismo tiempo, nos venía bien». El número de españoles que recurre a su pelo para sobrevivir es variable e incierto. Según Delgado, hay meses que reciben muchas ofertas y otros menos; pero incluso hay familias enteras que recurren a esta opción desesperada. Algunos llegan a Justino Delgado con varias coletas de miembros de su familia.
Cortado y limpio
En este negocio no vale cualquier cabello. Sólo lo compran si no está decolorado, si mide como mínimo 40 centímetros y si está bien cuidado. Su color no importa. Y quien quiera venderlo debe llevarlo cortado y limpio. Los precios pueden variar de entre 150 a 700 euros el kilo (15 a 70 euros los 100 gramos).
El lugar es el emporio del cabello. Tres pisos de una esquina imponente en Carabanchel Alto guardan la historia del pelo en España desde finales de la Guerra Civil, cuando Delgado buscaba pelo por todos los pueblos. El fundador lo tenía bien claro: «Donde falta pan, hay alguien que quiere vender su cabello para comer».
Usar el pelo de otros puede resultar repugnante y extraño para muchos; pero la realidad es que cada vez se requiere más para extensiones, pelucas, trenzas y postizos, especialmente para enfermos de cáncer. O, en el otro extremo, por vanidad.
En Justino Delgado siempre hay movimiento. En un pequeño pasillo de la tienda siete clientes esperan. Dos peluqueros quieren comprar mechones rubios para poner extensiones a sus clientas; una madre intenta conseguir cabello rizado para su hija quinceañera, y otra mujer lleva varios mechones en unas bolsas.
Detrás del exhibidor hay una pesa, diez estantes, pelucas, cientos de mechones ya procesados de todos los colores y una mesa de metal donde está el cabello recién comprado y listo para comenzar a ser desenredado y tejido con unas pequeñas máquinas cardadoras, similares a peines. Con la ayuda de un «ejército» de mujeres, el pelo es sometido a un proceso de «esterilización» y peinado.
Las peluquerías son otro de los eslabones de este negocio. Allí es donde actualmente muchas personas están atentas a que su cabello no vaya a la basura. Al fin y al cabo, puede representarles unos euros. Pero internet es el lugar preferido para ofertarlo, y no es sólo en Madrid donde se vende. Valencia, Alicante, Málaga y Mallorca son otras ciudades donde las mujeres, en su mayoría, quieren despojarse de su cabello a cambio de dinero.
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