Chile siempre fue «La Roja», mucho antes de que Luis Aragonés recuperara un «alias» empleado en los años veinte del siglo pasado. A veces, cuando estaban enfurruñados, sus aficionados le llamaban «La Rojita». Pero ahora no. Con Marcelo Bielsa le ganaron por primera vez en la historia a Argentina (1-0, gol de Fabián Orellana, el 15 de octubre de 2008), se clasificaron para el Mundial, derrotaron a Honduras en su primer partido y juegan el segundo contra Suiza. Y, ay, pequeño detalle, el viernes se enfrentarán a España con la clasificación en juego. Bielsa, «El Loco» (entiéndase como aquel que no sigue caminos trillados), contra Del Bosque, tan cuerdo y razonable. «La Roja» contra «La Roja».
Bielsa gasta fama de gesto serio y dedicación obsesiva, de ver y guardar miles y miles de horas de vídeo, de encargar grabaciones sobre los ángulos que la televisión no sigue, de huidizo y esquivo, pelín monje. Entrenó a Argentina, ganó los Juegos Olímpicos de 2004 y desapareció del mundo, incapaz de soportar la avalancha de críticas que provocó su trabajo en Corea-Japón 2002. En 2007 reapareció como entrenador de Chile, un país donde entienden el fútbol de una forma más moderada.
El viernes, dos «rojas» se verán las caras. Bielsa habrá estudiado cada movimiento, cada detalle. Dice: «Prefiero el miedo a la confianza, porque el miedo te hace estar atento». Y también: «Lo más común es que suceda lo que nos merecemos». Todos creemos que nuestra «roja» se merece más de lo que obtuvo ante Suiza. Pero el futuro es un lugar incierto.





