La precaria situación humanitaria de los refugiados uzbecos huidos de Kirguistán es ahora lo que más preocupa a las organizaciones internacionales. La jefa del Gobierno provisional kirguís, Rosa Otunbáyeva, cree que los enfrentamientos étnicos en la localidades sureñas de Osh y Jalalabad tienden a remitir, pero admite que la tensión permanece y que es urgente prestar asistencia a quienes se han visto obligados a abandonar sus hogares. Al atardecer, sin embargo, se oyeron tiros de artillería en Osh, según un periodista de Afp.
Otunbáyeva tampoco descarta que sea cierta la información facilitada por la comunidad uzbeca, según la cual sólo en Jalalabad habrían sido asesinadas 700 personas de ése grupo nacional minoritario. «Me creo que pueda haber habido 700 muertes en Jalalabad», reconocía durante una rueda de prensa. La primera ministra explicó que los musulmanes entierran de inmediato a sus difuntos y, refiriéndose al caso actual, señaló que «parece que no los llevaron al hospital para certificar la defunción». La cifra total de muertos que se maneja hasta ahora asciende a 187 y a más de 1.700 la de heridos.
Lo cierto es que la decisión de Uzbekistán de cerrar su frontera con Kirguistán, adoptada en la madrugada del martes, está complicando aún más las cosas. El viceprimer ministro uzbeco, Abdullá Arípov, justificó ayer la clausura de los pasos fronterizos aduciendo que «no hay ya más sitio para acoger refugiados».
Atrapados en la frontera
El Ministerio de Protección Civil uzbeco cifró ayer en 83.000 el número de refugiados llegados a Andizhán desde Kirguistán. Arípov advirtió el lunes que Uzbekistán no dispone de instalaciones, alimentos, agua y medicinas suficientes para hacer frente al éxodo de víctimas de la violencia. La Cruz Roja calcula que unos 15.000 desplazados se han quedado atrapados sin poder atravesar la frontera en dirección a Uzbekistán. Pese a los esfuerzos de la Policía kirguís para convencerles de que serán protegidos y que pueden regresar a sus casas en Osh y Jalalabad, nadie se fía.
Otunbáyeva insistió en que, aunque se observa una evolución positiva, ya que en la noche del lunes casi no se registraron nuevos incidentes, sería deseable que Moscú «enviara tropas de paz» a la zona parar separar a las partes enfrentadas y ayudar a requisar las armas en poder de los beligerantes. Según sus palabras, «estamos manteniendo conversaciones con el presidente Dmitri Medvédev a fin de obtener la ayuda de Rusia». «Nuestras tropas no cuentan con la fuerza suficiente», añadió.
No obstante, en el Kremlin siguen viendo arriesgada una operación de tal calibre. Se han conformado con enviar refuerzos a la base aérea rusa de Kant, situada al este de la capital de Kirguistán. El argumento esgrimido hasta ahora por la Presidencia rusa es que el conflicto es un problema interno de Kirguistán.
Los expertos, sin embargo, estiman que si los desórdenes se extienden por todo el país, desestabilizarán el Asia Central ex soviética en su conjunto y sería un nuevo quebradero de cabeza para Rusia. Mijaíl Neizhmákov, especialista del Instituto de la Globalización y los Movimientos Sociales de Moscú (IGSO) afirma que la presencia de tropas rusas o de Kazajstán cerca de la frontera con Uzbekistán no sería vista con buenos ojos por las autoridades uzbecas. Por el contrario, subraya Neizhmákov, la irrupción de tropas uzbecas en Kirguistán para evitar las matanzas crearía alarma en toda la zona y una reacción hostil entre los kirguises.
Referéndum
Otunbáyeva repitió ayer que detrás de los altercados están partidarios del depuesto presidente Kurmanbek Bakíev. Según ella pretenden desestabilizar el país e impedir que el Gobierno provisional se consolide como alternativa de poder. Su principal objetivo, recalcó, consiste en «frustrar el referéndum sobre la Constitución del próximo 27 de junio». Con la consulta se persigue conceder más poderes al Parlamento en detrimento del jefe del Estado. Para el 10 de octubre hay convocadas también elecciones legislativas.
La Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Navi Pillay, sostiene que los enfrentamientos en Kirguistán comenzaron tras «cinco ataques coordinados y bien planeados», por hombres «que llevaban pasamontañas».










