Fue durante la celebración de los Juegos de Invierno de Vancouver cuando, el pasado mes de febrero, Devo cambió su uniforme para inaugurar ante el público una nueva era.
Del rojo al azul que ahora tiñe su distintivo sombrero cónico, Devo ha modificado el color de su legendaria equipación -pieza de museo que se venera en la Ohio Historical Society y que hace unos años dio pie a un litigio por plagio contra la multinacional McDonalds-, pero no uno de los sonidos señeros de la Nueva Ola estadounidense. Dos décadas después de su último lanzamiento discográfico y contra pronóstico, la banda de Ohio regresa al mercado con un excepcional disco, «Something For Everybody», en el que recupera, pieza por pieza, el esquema musical de su primera época.
Dos décadas después de su último lanzamiento discográfico y contra pronóstico, la banda de Ohio regresa al mercado con un excepcional disco
La agencia Mother ha sido la encargada de supervisar la evaluación popular de la nueva marca de Devo. «Contra lo que se pueda pensar, creo que a la gente no le gustan las sorpresas. Las sorpresas dan miedo y resultan negativas», aseguraba en una reciente entrevista a Reuters Television el director creativo de Mother, Bill Moulton. El cabecilla de Devo, Mark Mothersbaug, señalaba, por su parte, que esta inédita campaña se sitúa en la frontera entre la realidad y el chiste, «para poner una nota de humor en la cultura pop», decía. Así las cosas, el contenido de «Something For Everybody» ha sido «aprobado por el 88 por ciento de los participantes en el grupo de debate», según advierte la nota que acompaña al nuevo trabajo de los autores de «Mongoloid». El resto, el 12 por ciento, es cosa suya.
Devo aprovecha la continua rehabilitación de las estructuras sonoras de la Nueva Ola para evitar caer en la trampa de cualquier proceso de adaptación al medio musical de 2010 y protagonizar una genuina «devolution» hacia sus raíces creativas. Canciones como «Fresh», «March On», «What We Do» o «Later Is Now», falsa balada que remite a «Beautiful World», muestran la vigencia de un discurso que, más allá de reivindicaciones coyunturales, mantiene el tipo, garantiza la fiesta y, como hace treinta años, invita a reflexionar sobre los aspectos más enfermizos de la sociedad, que son también los más divertidos.




