Economía

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Bernard Madoff: «A mis víctimas, que les den»

El mayor estafador de todos los tiempos vive en un módulo con gimnasio, biblioteca y hasta sauna

Día 13/06/2010 - 14.39h
O directamente que las j…, si priorizamos la precisión de la traducción sobre su delicadeza. Bernard Madoff no se corta ni se arrepiente de nada. Ahora que ya ha asimilado el trauma de su condena y escarnio, parece incluso que ha vuelto a nacer dentro de la cárcel. Allí no es un apestado de la sociedad sino el ídolo de muchos criminales que le admiran y le consideran un ejemplo a seguir.
reuters
La conocida imagen de Madoff entrando a su apartamento tras darse a conocer su estafa
«Si yo hubiera vivido 70 años por todo lo alto como él, qué me importa lo que me pase después», afirma un compañero de reclusión de Madoff citado por The New York Post. Y es que desde el punto de vista de un delincuente común la prisión federal de Butner, en Carolina del Norte, no está tan mal. El mayor estafador de todos los tiempos pasa sus días en un módulo muy suave, con gimnasio, biblioteca y hasta sauna. No hay barrotes en las ventanas. Madoff gana 14 centavos a la hora fregando suelos y vive con 290 dólares al mes, con los que se compra hamburguesas con queso y latas de Coca-Cola light para completar el menú carcelario.
Parece ser que en determinado momento tuvo el coraje de presentarse voluntario para llevar el presupuesto de la cárcel. A las autoridades se les pusieron los pelos de punta ante la mera idea. En cambio toda clase de mafiosos y mangantes se apresuran a pedir consejo financiero a Madoff. No está claro que lo dé gratis. Madoff no regala un dólar a nadie. Se niega a firmar autógrafos por miedo a que otros reclusos los vendan por ebay.
Por lo demás se dedica a cultivar un ego esplendoroso después de tantos años de clandestinidad. La sociedad legal le consideraba simplemente un inversor muy listo cuando en realidad él era mucho más, él era un genio. Criminal, pero genio. Por fin está entre gente que le comprende.
Cuando un compadre entre rejas, viendo juntos un 60 Minutos sobre su caso, lo felicitó por haber sido capaz de estafar tantos millones, Madoff le corrigió al punto: «no, billones». Tan arrobados tiene a los demás chorizos que el que cobra 10 dólares por hacer la colada ajena, a él se lo deja en 8.
«Yo ya las aguanté 20 años»
Por supuesto siempre quedan sentimentales irredentos hasta en la cárcel. A uno de estos se le ocurrió apiadarse, no de toda la legión de estafados por Madoff, pero sí por lo menos de los más perjudicados, las pobres viejecitas que han perdido sus ahorros. Siempre según el Post, fue entonces cuando Madoff dio a entender lo poco que le importaba a él el destino de sus víctimas: «que se j…, yo ya les aguanté 20 años, y ahora estoy cumpliendo 150». Se entiende que con eso queda moralmente en paz.
El único indicio de humanidad o debilidad: echa de menos a su esposa, Ruth, a la que por cierto parece que se haya tragado la tierra desde que el año pasado salió del lujoso apartamento familiar en Manhattan, se dejó despojar de 80 millones de dólares que ella aseguraba que le pertenecían pero que las víctimas de su marido reclamaban, y hasta aceptó someterse a la humillante condición de tener que justificar cada gasto superior a 100 dólares. Todo ello para esquivar ser llevada a juicio ella misma.
Dicen los conocedores del caso que lo más duro para Ruth Madoff fue hacer público un comunicado condenando los delitos de su marido y declarándose tan engañada por él como las víctimas. Esa es la tesis que el mismo Madoff defendió ante el juez. Claro que entonces también dijo que estaba muy «arrepentido».
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