No se puede decir que no dijera ni mú, pues intercambió algunas palabras con Isabel II, pero lo sorprendente del lechero Tony Fowler no estuvo en lo que dijo sino en lo que vestía. Fowler acudió disfrazado de vaca al Palacio de Buckingham para recibir una condecoración de manos de la Reina. Los secretarios reales consiguieron que no llevara la cara pintada, como prentendía, pero no evitaron que el hombre, de 51 años, 19 de ellos como lechero, se aderezara con parches blancos sobre su traje negro. La Reina se lo tomó con filosofía y solamente dijo estar “decepcionada” de que el disfraz no imitara la piel de las vacas de Jersey, que es la raza que ella tiene en el Castillo de Windsor.
Fowler fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico en reconocimiento a sus inestimables contribuciones a las labores policiales. Durante su trabajo en Melton Mowbray, en el centro de Inglaterra, como repartidor diario de leche a domicilios particulares, algo aún en uso en muchas partes del Reino Unido, Fowler ha ayudado a lo largo de los años a la detención de numerosos delincuentes, estando pendiente de comportamientos sospechosos, desbaratando robos en casas y ahuyentando traficantes de droga.
“Veo esta medalla como un reconocimiento para todos los lecheres”, dijo al término de la ceremonia en Buckingham Palace. La etiqueta de esa ceremonia no es precisa y en el caso de los hombres únicamente “encarece” a ir con traje. Y eso es lo que hizo Fowler, aunque con uno bien particular, que le confeccionó un sastre de su localidad. Como corbata lucía una con dibujos de pequeñas vacas formando barras.
A los organizadores de la ceremonia ya les llegó previamente que el lechero pretendía dar la nota y hablaron con él para disuadirle. “Digamos que se le pidió que lo reconsiderara, pero desafortunadamente rehusó”, reconoció una fuente del Palacio de Buckingham.







