Un hombre que se comunica con un fantasma escribiendo en la puerta del servicio de un bar. Aquel que se desdobla con cada decisión que toma. Otro, que inspirado por Kafka, envía cartas a su hija haciéndose pasar por su muñeca extraviada. Personajes reales, pero fantásticos; distintos, pero iguales; seguidos de cerca por la omnipresencia de su creador, Félix Palma.
El escritor Félix Palma
El escritor gaditano, ganador de más de cien premios literarios, entre ellos el XL Premio Ateneo de Sevilla 2008 por su novela «El mapa del tiempo», acaba de publicar el libro de cuentos «El menor espectáculo del mundo» (Editorial Páginas de Espuma). Un libro en el que el autor vuelve a recurrir a su prosa metafórica y a su habilidad para insertar la magia y el absurdo en la cotidianidad. Sencillo, afable y pausado, con el rostro de Darth Vader estampado en su camiseta, Palma exuda pasión por la fantasía en cada una de sus palabras.
- ¿Qué es para usted la fantasía?
- Es el lado mágico de la vida, lo que nos hace sobrevivir. Desde pequeño, el género fantástico siempre ha sido mi favorito. En mi escritura noto una evolución hacia cuentos que intentan buscar situaciones que revelan lo absurdo de la existencia, situaciones reales en las que la fantasía no se convierte en lo inverosímil, sino en en un elemento que irrumpe, que hace que el contraste con la realidad sea mayor. Como decía Oscar Wilde: «El hombre puede creer en lo imposible, pero nunca creerá en lo improbable» .
- ¿Es distinta su aproximación al amor en este libro que en los anteriores?
- Los cuentos de «El menor espectáculo del mundo» están hermanados con los libros anteriores en la visión del amor: casi siempre hay un hombre que busca la aprobación de la mujer, que quiere a una chica inalcanzable o que ya se ha desenamorado de ella. Pero tras este libro, empiezo a notar que debo dar un paso hacia otra dirección. Tengo la sensación de que los personajes no dejan de ser siempre el mismo.
- ¿Ese personaje que siempre es el mismo tiene trazos autobiográficos?
- Sí, es inevitable.
- ¿Aborda de manera diferente la escritura de cuentos y de novelas?
Julio Cortázar es mi modelo, el que más me ha influenciado. Cuando leí sus cuentos sufrí una especie de cataclismo literario
- Usted recurre con frecuencia a ciertas temáticas que se van delineando ya como sus obsesiones, como el destino, la causalidad, el suicidio...
- El azar y la causalidad de la vida me apasionan. Hay una frase que dice que todos tenemos un destino que se forja a golpes de azar; yo creo en el destino que podemos cambiar. Con respecto al suicidio, no me atrae el hecho en sí, sino el tiempo que se produce entre que uno decreta su muerte y la lleva a cabo. Ese lapso me apasiona porque el personaje es un ser desubicado, se convierte en un fantasma, en un ser fantástico. De todos modos, los personajes en mis novelas siempre se van a suicidar pero después nunca lo hacen.
- ¿Cuántos premios tiene ya? ¿Qué valor les otorga?
- Más de cien, pero dejé de contarlos. Como vivimos en un país en el que cada ayuntamiento tiene un concurso literario, durante cinco o seis años escribí cuentos para ellos. Pero ya no tiene mucho sentido después de que me han traducido en veintidós países. Cuando concursaba, escribía cuentos que me parecían infumables, porque llega un momento en el que sabes cómo hacer que los jurados te premien. Si escribes con un estilo barroco, lleno de metáforas, el que no entienda de literatura dirá «Ah, pues que bien lo hace». En ocasiones me veía obligado a subir la temperatura de la cursilería y a hacer cuentos que a mí no me gustaban, y que nunca voy a publicar, pero que son los que más premios se han llevado.
- Siendo la literatura el lugar donde emerge la fantasía, ¿Por qué cree que el género fantástico está devaluado en España frente a otros como la novela histórica?
- La novela histórica es un género invencible en nuestro país pero a mí me interesa ofrecer una alternativa al realismo. En España hay un tipo de lector que no lee los suplemento culturales, que no está informado de lo que se está publicando y que simplemente va a una librería y se deja recomendar. El lector que acude al género histórico considera que la literatura, aparte de distraerlo, tiene que enseñarle. Pero esta visión es muy restringida porque, a fin de cuentas, lo que busca no es literatura, sino historia disfrazada de ficción.
- ¿Hay un prejuicio contra el género fantástico?
- Yo creo que el prejuicio no es contra el género fantástico sino contra las etiquetas. Cuando escribí «El mapa del tiempo», [sobre viajes en el tiempo en la Inglaterra victoriana] uno de mis miedos era que la novela fuera catalogada como fantasía y no llegara a más lectores. Por eso intenté volcarme en la historia de amor de los personajes, para luego insertar el elemento fantástico. Me llevé una sorpresa cuando mucha gente me dijo que le encantaban los viajes en el tiempo, pero la ciencia ficción había estado tratando este tema desde siempre.
- Dígame un autor que le guste y otro que no.
Julio Cortázar es mi modelo, el que más me ha influenciado. Cuando leí sus cuentos sufrí una especie de cataclismo literario, por su forma de introducir lo fantástico en la realidad, de jugar con el lenguaje y de experimentar con el formato del cuento. En cuanto a escritores que no me gustan, Murakami, tiene mucha popularidad ahora y he intentado leerlo, pero a mí no me dice nada.
- Usted utiliza muchas metáforas: ¿Cuál es su preferida?
- «Algunos hombres son como caracolas: basta con aplicarles el oído al pecho para escuchar el mar de su soledad».





