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Jueves , 10-06-10
EL Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha enviado un rotundo mensaje de advertencia al régimen iraní al aprobar un paquete de sanciones como reacción a su insistencia en desobedecer las reglas de la Organización Internacional de la Energía Atómica. Las sanciones no son todo lo duras que Estados Unidos y la Unión Europea habrían deseado, porque han tenido que vencer las reticencias de otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como Rusia y China, pero incluso estas dos potencias, que mantenían hasta el último momento una predisposición de simpatía hacia Teherán, han comprendido que la política de proliferación de armamento nuclear del régimen islámico es un riesgo intolerable y se han sumado al consenso.
El voto de China y Rusia hace todavía más inaudito que Turquía -miembro de la OTAN y teórico candidato al ingreso en la Unión Europea- y Brasil -aspirante a ejercer un papel de liderazgo regional en Iberoamérica- hayan votado en contra de las sanciones y a favor de las tesis de la dictadura teocrática de los ayatolás. Ankara confirma así la peligrosa deriva antioccidental que el primer ministro islamista Tayip Erdogán está llevando a cabo, y, por lo que respecta al presidente Lula, se puede decir que con esta decisión ha triturado gran parte de sus posibilidades de convencer a alguien de que Brasil merecería un puesto permanente en el Consejo de Seguridad en caso de una reforma de los estatutos de la ONU.
Las sanciones aprobadas no cierran el camino de la negociación diplomática, lo que hace todavía más incomprensible la insistencia de Brasil y Turquía en anteponer su mediación ante Teherán, que de todos modos ya ha advertido que no piensa detener el enriquecimiento de uranio. Es necesario ahora dar forma a esas sanciones para que el régimen iraní llegue a darse cuenta del grado de aislamiento internacional en que se encuentra frente a sus aspiraciones nucleares. Tampoco se puede ignorar que los dos países que han roto ese aislamiento diplomático son los principales socios de la Alianza de Civilizaciones de Rodríguez Zapatero, algo que debería tener consecuencias también en este caso.
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