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El Consejo de Seguridad aprobó la resolución con los votos en contra de Turquía y Brasil y la abstención del Líbano
Los embajadores del Reino Unido y EE.UU., en la votación de ayer /EFE
Jueves , 10-06-10
Obama 1, Ahmadineyad 0: con la que está cayendo en Oriente Próximo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó ayer una cuarta ronda de sanciones contra el programa nuclear iraní. Es la más dura hasta la fecha. Lo cual no significa -ni mucho menos- que sea de una dureza insoportable. Pero Washington ha antepuesto la unidad de acción al rigor del castigo, y así se ha apuntado un tanto.
La resolución del Consejo se aprobó por 12 votos a favor, 2 en contra (Brasil y Turquía, que acaban de firmar un acuerdo con Irán para enriquecer «civilmente» su uranio) y la abstención de un Líbano co-gobernado por Hizbolá. Votaron a una todos los demás y todos los miembros permanentes con derecho de veto, incluyendo China y Rusia, que llevaban más de dos años oponiéndose a una nueva ronda de sanciones.
Diplomacia de filtraciones
No es que se hayan apeado fácilmente de esa actitud. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, tuvo que pelear a fondo y hasta entrar en la siempre arriesgada diplomacia de las filtraciones y los hechos semiconsumados. Ayer mismo se cuidó mucho de estar en Ecuador mientras las sanciones salían adelante en Nueva York, evitando triunfalismos que también se dosificaron con lupa desde la Casa Blanca.
Washington se esmeró tanto en quitar hierro a las sanciones -para no incomodar a sus aliados más inestables- como en subrayar su importancia de cara a los que creen que estas sanciones saben a poco. Sobre todo después de que Rusia y China «afeitaran» las propuestas estadounidenses más agresivas, tales como el embargo petrolero y de gas o un bloqueo a la actividad bancaria que realmente amenace el día a día financiero de Teherán. Finalmente un único banco será añadido a la lista negra de boicoteables, y un único individual específico: Javad Rahiqi, responsable del Centro de Tecnología Nuclear de Isfahan.
Haciendo de la necesidad virtud, el gobierno de EE.UU. insiste en la «alta precisión» de unas sanciones que no pretenden perjudicar a la población iraní sino a aquellos de sus gobernantes que se embarcan en la carrera nuclear. El Banco Central Iraní aparece citado en el preámbulo, lo que da pie a que EE.UU. por su cuenta, y la UE por la suya, lancen sanciones más estrictas en los respectivos ámbitos de actuación.
De lo aprobado ayer destaca la prohibición de vender a Irán hasta nueve tipos de arma pesada, incluyendo carros de combate, y el compromiso de comprobar la carga de barcos sospechosos, sin que sea necesaria la certeza de que transportan material prohibido. Por otro lado no se establecen mecanismos que permitan abordar estos barcos en alta mar, con lo cual la eficacia de la medida se diluye un tanto.
«The New York Times» lleva dos días observando ácidamente que Irán hace tiempo que viene desarrollando sofisticados sistemas para burlar las sanciones y florecer pese a ellas. Por ejemplo vendiendo y comprando por valor de miles de millones de dólares vía Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos.
Según la OMC, Irán sigue exportando vigorosamente a Japón, Taiwán, la India, la UE y China, que ha dejado atrás a la UE como mayor contraparte comercial de los iraníes, plantándose en un nivel de transacciones equivalente a los 35.000 millones de dólares.
La ayuda de Chávez
China importa el 11 por ciento de su energía de Irán. Y no sólo eso sino que ha firmado importantes acuerdos para refinar el petróleo iraní, acuerdos que sumados a los suscritos con la Venezuela de Chávez han permitido a Teherán dejar de importar el 40 por ciento de la gasolina que consume.
Por todo lo antedicho no resulta nada fácil ni aislar a Irán ni ahogarla con sanciones que no incluyan un embargo petrolero salvaje. Aún así Teherán reaccionó ayer con acritud a las noticias de la ONU. Su embajador allí aseguró que con esto Estados Unidos rompe la baraja de una solución negociada del contencioso nuclear.
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