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Domingo , 06-06-10
A 4.600 metros sobre el nivel del mar, en los Andes peruanos, la minera china Chinalco invertirá 2.000 millones de dólares, unos 1.600 millones de euros, en explotar el yacimiento de cobre de Toromocho. No es, ni mucho menos, su única operación en la región.
Sólo en el último año, el gigante asiático ha invertido cerca de 35.000 de millones de euros en América del Sur. Ha firmado acuerdos mercantiles, algunos de libre comercio, con casi todos los países de la región. Es el primer inversor de Perú, el destino preferente de las exportaciones de Brasil, Chile y Cuba, y el mayor proveedor de Paraguay.
¿Peligra el liderazgo comercial de EE.UU. y de la UE en Iberoamérica?
El último informe de la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal) sobre comercio exterior apunta en esa dirección. El documento prevé que en 2015 China desplazará a la Unión Europea y se convertirá en el segundo socio comercial y en el segundo inversor de la zona. Y que incluso amenazará el poderío norteamericano.
Expansión
Desde que China decidió abrir al mundo su cerrada economía no ha hecho más que expandir su gran negocio por todo el planeta. Primero, por los países desarrollados; luego, por África y, ahora, en Iberoamérica. ¿Implica esto un cambio en la estrategia geopolítica del Gobierno chino? Federico Steinberg, investigador de Economía del Real Instituto El Cano y profesor de la universidad Autónoma de Madrid, cree que «no del todo» y lo matiza. «Es que está intensificando su comercio con todos», asegura.
China compra maquinaria, equipos electrónicos, componentes tecnológicos y otros bienes manufacturados en países como Alemania y Estados Unidos.
Y en Iberoamérica ha encontrado los recursos naturales, las materias primas y la energía que necesita para desarrollar su ambicioso proyecto económico. Importa e invierte en estaño, hierro, cobre y petróleo. Las empresas y administraciones hispanoamericanas, por su parte, compran en el gigante asiático productos textiles, máquinas y aparatos eléctricos. Se trata de un intercambio mutuo con el que, según Steinberg, ganan las dos partes. Así se exlpicaría el mayor interés mutuo por afianzar acuerdos.
En los últimos años, muchos países de América del Sur, especialmente Brasil, han intensificado sus relaciones mercantiles con el gigante asiático en los campos energético, automovilístico y siderúrgico. Tienen mucho que ganar.
No sucedería lo mismo en su relación con Europa. «Es un tanto incómoda para Iberoamérica», dice Steinberg. Este experto señala que el comercio entre la eurozona y Sudamérica se limita, básicamente, al sector agrícola. De hecho, desde la presidencia española de la UE se han firmado nuevos acuerdos bilaterales y regionales que abrirán las puertas europeas a productos agrícolas hispanoamericanos, más baratos.
Discrepancias en la UE
Francia y otros nueve estados comunitarios se han mostrado muy reacios a esa posibilidad. Temen que el potencial agrario de los países del Mercado Común del Sur -Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay- perjudique al campo europeo y empeore la actual coyuntura de crisis. Agricultores y ganaderos de toda Europa ya han salido a la calle para protestar por estos acuerdos. Los españoles, también.
Aun así, los Veintisiete, salvo las citadas excepciones, han redoblado sus esfuerzos por acercarse al tradicional socio americano.
Desde el Ministerio de Industria español dicen que contrarrestaría la creciente importancia de China y permitiría a Europa afianzarse como primer suministrador del bloque sudamericano. «Mercosur no mantiene ningún acuerdo de libre comercio en vigor, por lo que la preferencia que obtengamos de esas negociaciones adquirirá un valor pleno, no erosionado por otros competidores», explican desde el Ejecutivo socialista.
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