La flotilla islamista que tramó Erdogán
Soldados israelíes tratan de parar una protesta de activistas subidos en un vehículo que parodia a la flotilla, ayer cerca de Ramala AP
Sábado , 05-06-10
POR DANIEL IRIARTE CORRESPONSAL
ESTAMBUL. Se dice que en Turquía se puede saber la filiación política de un hombre atendiendo a su bigote. De ser así, las decenas de varones aquí reunidos son sin duda votantes de Erdogán, pues casi todos lucen el mismo bigotito ralo que el primer ministro turco. Nos encontramos en la sede de la IHH -siglas turcas de la Fundación para los Derechos Humanos y la Libertad-, la organización de ayuda humanitaria musulmana que organizó la flotilla a Gaza, y que ahora acoge a muchos de los pasajeros que iban en el «Mavi Marmara», el barco asaltado por comandos israelíes la madrugada del lunes.
Hay un trasiego incesante de personas con bandejas, que ofrecen tés, zumos, caramelos. El aire acondicionado zumba a plena potencia: en la IHH trabajan muchas mujeres, todas ellas con velo y ataviadas con largas gabardinas, a pesar del calor veraniego que ya empieza a hacer en Estambul. Al llegar el reportero de ABC, se niegan a estrecharle la mano (a la mujer le está vedado).
En las oficinas, las estanterías están llenas de libros sobre conflictos que implican a musulmanes, desde el sur de Tailandia hasta Srebrenica, en Bosnia y Herzegovina. Los pasillos rebosan de activistas turcos y europeos. Éstos partirán mañana, pero hoy se les necesita aquí: se les pide que escriban un testimonio de las presuntas violaciones de derechos humanos de las que fueron testigos, para preparar un informe detallado. «¿Para quién?», preguntamos. «Para la OTAN», responden.
La «burguesía verde»
La IHH no recibe financiación pública, pero sus donantes son en su mayoría empresarios piadosos de Anatolia, la llamada «burguesía verde», con buenos contactos en el gobierno. Durante meses, la ciudad de Estambul ha estado empapelada con carteles gigantes de la llamada «Flotilla de la Libertad». «¿Acaso crees que es posible semejante despliegue sin la complicidad de las autoridades?», decía Alí, turco laico crítico con los islamistas del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), que hoy gobierna Turquía.
Sin duda no lo es. Lo cierto es que esta flotilla no era la primera en desafiar el bloqueo naval israelí. La Plataforma Free Gaza, la otra organizadora de la expedición, ya había enviado otros ocho barcos anteriormente, de los cuales cinco lograron romper el cerco. Esta vez, en cambio -el primero en el que participaba la IHH-, se le había dado mucha más publicidad al evento: el desafío a los israelíes era demasiado grande.
Tal vez por eso, en la IHH, la atmósfera es triunfal, militante, a pesar del trágico desenlace. El embajador de Israel en España, Raphael Schutz, acusa a esta organización de ser amiga de Hamás. Algo que a Erdogán no le importa, porque ayer mismo manifestó que «Hamás no es una organización terrorista».
«Nuestra organización trabaja junto a la ONU en Palestina. Nuestras cuentas bancarias son claras y abiertas», se defiende Durmus Aydin, vicepresidente de la ONG.
En 1997, la Policía turca hizo una redada en la sede de la organización, en la que encontró armas, explosivos y manuales yihadistas, así como documentación que probaba que planeaban enviar combatientes a Bosnia, Chechenia y Afganistán.
Hoy día, la IHH mantiene planteamientos más moderados, y está mejor relacionada con el poder. En aquella época, los militantes lucían frondosas barbas, como el profeta Mahoma. Los tiempos han cambiado, ahora prefieren el bigotito ralo de Erdogán.

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