Los cuernos de Jacob Zuma
Jacob Zuma con sus tres esposas, la tercera de las cuales, Nompumelo Ntuli (a la izquierda), habría sido expulsada por adulterio. POOL
Sábado , 05-06-10
A tan sólo una semana de que comience el Mundial, el país anfitrión -Sudáfrica- vive pendiente de una convulsa noticia que podría dejar en entredicho el honor de su presidente (y casanova vocacional), Jacob Zuma.
Según denunciaba ayer el diario local «The Star», el polígamo mandatario habría expulsado de la residencia conyugal a una de sus tres esposas, tras descubrir, la pasada Navidad, que ésta le había sido infiel con su guardaespaldas, Phinda Thomo, quien se suicidó al darse a conocer la relación.
En una demostración de falta de escrúpulos, la presunta adúltera -Nompumelelo Ntuli- incluso habría acudido al entierro de su ex amante, celebrado recientemente en el populoso barrio de Soweto, en las afueras de Johannesburgo.
El portavoz de la Presidencia, Vincent Magwenya, evitó cualquier comentario al respecto ya que (pese a la costumbre) su gabinete no está autorizado para pronunciarse sobre los asuntos sentimentales y familiares del presidente. Por su parte, un sobrino del presunto cornudo -Khula Zuma- acusó a «los enemigos políticos de Jacob Zuma» (la líder opositora, Helen Zille, siempre es un cómodo chivo expiatorio) de violar la intimidad de su familia.
Ha sido toda una «ofensa» a los ancestros que ha motivado la designación de Ntuli como persona «non grata» en la región de Kuazulu Natal, la tierra de los Zuma. Sin embargo, y como no hay barrera suficientemente elevada para el amor, la presunta infiel -considerada por muchos como la favorita del presidente- sí acompañó al mandatario en su visita de Estado a la India, que termina hoy; en una demostración de que las aguas podrían haber vuelto a su cauce.
Pero al margen de una posible reconciliación a cuatro bandas (algo tendrán que decir las otras dos esposas), lo que de verdad ha exacerbado al pueblo sudafricano no es tanto la expulsión de la «tercera dama», sino que se hayan puesto en duda las dotes amatorias de su presidente.
Para muestra, un botón. El pasado febrero, Zuma reconocía a su vigésimo hijo, tras salir a la palestra mediática una más de sus numerosas concubinas. Tiene un número desconocido de vástagos, como tampoco se conoce el número de mujeres que mantiene -tres oficiales, después de un divorcio y del suicidio de su segunda esposa-. Aunque para tranquilidad del Ministerio de Igualdad, en el pasado Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), el mandatario reconocía que siempre concede un «trato equitativo» a cada una de sus mujeres. Sin especificar si oficiales u oficiosas.
Acusado de violación
Pero la convulsa relación del líder sudafricano con el género femenino no se limita al terreno marital. En 2006, el mandatario fue acusado por la hija de un compañero de partido -seropositiva- de haberla violado en numerosas ocasiones. En el juicio, Zuma defendió que una simple ducha tras el acto sexual «consentido» evitaba cualquier posibilidad de contagiarse del síndrome. El propio presidente difundió, el pasado abril, cuatro tests a los que fue sometido para conocer si era portador del virus.
Todos estos análisis resultaron afortunadamente negativos, en una clara demostración de que los milagros, políticos y médicos, no sólo se producen en Navidad.

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