Miércoles
, 02-06-10
Irene Morales abrió su farmacia hace apenas tres años y, desde entonces, ya ha tenido que despedir a la mitad de su personal. «No los podía mantener, comenzamos cinco personas y ahora sólo tengo a dos empleados para una farmacia que abre 12 horas diarias», lamenta esta mujer para la que el anuncio de las nuevas medidas de Sanidad cae como un jarro de agua fría. «Comprendo que algo hay que hacer y que todos tenemos que poner de nuestra parte, pero en mi caso particular ya no puedo hacer más ajustes... desconozco qué pasará con mi establecimiento si salen adelante».
Abrir una farmacia en España es toda una odisea, según recuerda la farmacéutica. «Estuve quince años de juicios hasta que me concedieron la licencia; luego, antes de abrir, me llegaron a ofrecer un millón de euros por ceder los permisos... ahora pienso que quizá debí aceptar la suculenta oferta ese día».
Y es que a Irene no le salen las cuentas. De momento, se conforma «con cubrir gastos» y confiesa que su negocio sigue abierto gracias a los ingresos de su marido.
Desde que el ministerio de Sanidad anunció los recortes en medicamentos, esta farmacéutica madrileña vive con una calculadora bajo el brazo. «Por cada 100 euros de una receta roja (pensionistas), yo tendré que poner de mi bolsillo 2,5 euros». Así, las farmacias que dependan mayoritariamente de recetas de la Seguridad Social «lo van a tener muy complicado, ya que al final acaban perdiendo dinero», alerta. En su farmacia, situada en un barrio acomodado de la capital, su clientela es variada «pero no mayoritariamente jubilados, lo que me permite un cierto respiro: yo no vivo de las recetas».
España no es un país caro en medicamentos y productos sanitarios. Según asegura Irene, un apósito labial cuesta en Alemania «casi el doble que en nuestro país, por lo que este tipo de productos son susceptibles de todo tipo de picarescas».


