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Actualizado Jueves , 03-06-10 a las 05 : 48
Una buena nueva en empleo -crece un 0,4%, desciende el paro al 7,7%- acompaña la noticia de que la ministra de Trabajo puede ser la nueva presidenta de la República. Con una jefa del Estado y una canciller federal, ambas democristianas y de carrera científica, un nuevo matriarcado alemán puede sentar precedente en la política occidental.
La candidatura de Ursula von der Leyen no será oficial antes del viernes y la votación de las cámaras en el Reichstag tendrá lugar el 30 de junio pero los comentaristas sugieren que Merkel es partidiaria de promover a esta ministra de gran popularidad, en la que ha tenido un gran apoyo y, en su situación actual, no le sobra ninguno. Por tenerla a su lado la disuadió recientemente de pasar a la Comisión Europea.
Los partidos de la coalición, Liberales y Socialcristianos, están de acuerdo en que esta doctora con tres carreras y madre de siete hijos sea la nueva jefa del Estado y han renunciado a presentar candidato. Políglota, economista y médico, con especialidades en sanidad pública y doctorada en el tratamiento del síndrome de infección amniótica en el preparto, Von der Leyen está bien vista también por la oposición socialdemócrata, a efecto de su acción en el ministerio de Trabajo.
También al frente del Ministerio de la Familia, en el mandato anterior, su decisivo impulso a la compaginación por los padres de la familia y la profesión, fomentando por ejemplo guarderías en las propias empresas, ha supuesto una pequeña revolución para la mujer, especialmente viniendo de la derecha, que halló simpatía entre los Verdes y el SPD.
La llamada «madre de la nación alemana» por su numerosa prole, que ha arrastrado durante sus estudios y profesión por el extranjero, posee pues una biografía con la que demostrar la posible armonía entre maternidad y carrera de éxito, aunque también ha sido criticada como «superwoman» por la excepcionalidad de su caso y la capacidad de aparecer siempre como saliendo de un balneario pese a las ingentes horas de trabajo que se le atribuyen.
Esta hija del antiguo jefe del gobierno regional en Hannover, Ernst Albrecht von der Leyen, puede ser así pronto, con 51 años, la más joven y más mujer de la historia de la presidencia federal alemana, con sede en el palacio de Bellevue, en el centro de Berlín.
Una institución muy simbólica, en un país con un gran reparto de poderes, pero cada vez con mayor relevancia y funciones a medida que Alemania se ha incorporado plenamente a la esfera internacional de intereses. De hecho, fue sobrepasar ese ténue simbolismo de la más alta magistratura lo que costó al saliente Horst Köhler la dimisión.
La irrupción del nombre de la ministra ha sido rápida y sonora: Según un sondeo del Instituto «YouGov» para el diario Bild, un 34% de los mil encuestados creen ya que sería la mejor presidenta para Alemania. De los partidarios, la mayoría son mujeres y mayores de 50 años. En segundo lugar aparece con un 13% el ministro principal de Sajonia Inferior, Christian Wulff, al que sigue el ministro de Hacienda Schäuble y alguno más, pero todo con escasa oportunidad según cunde el rumor en Berlín.
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