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El Gobierno israelí acuerda poner en libertad a todos los activistas detenidos, que serán expulsados del país
Actualizado Miércoles , 02-06-10 a las 07 : 56
Fallos de Inteligencia, tácticas equivocadas, equipos inadecuados. La actuación en el asalto el domingo a la flotilla internacional por parte de la Marina y de las unidades de élite, desvelada como una chapuza en los vídeos difundidos por Israel, amenaza con abrir una brecha de confianza en el Gobierno de Benjamin Netanyahu espoleada por el recuerdo del fracaso militar en la guerra de 2006 contra Hizbolá. El primer ministro, recién llegado de Canadá, se reunía por la tarde con su Gabinete de Seguridad empujado por las peticiones de varios miembros de su Gobierno que exigen ya una investigación sobre el cómo y el porqué se decidió atacar al convoy que se dirigía a Gaza.
Antes de que las autoridades judías hubiesen confirmado todavía la cifra de 9 muertos ni sus nacionalidades, el Gobierno acordaba la puesta en libertad y la expulsión de todos los activistas detenidos. Pero el debate interno se desarrolla más preocupado por la pobre imagen ofrecida al mundo por sus Ejércitos.
Críticas internas
En el punto de mira, el titular de Defensa, Ehud Barak, contra quien dos miembros de su propio Partido Laborista, —su antecesor, Amir Peretz y un diputado—, lanzaban un duro comunicado preguntándose cómo se pudo actuar con «tan imprudente fuerza, mientras se ponía en peligro mortal a unos soldados que fueron enviados trepando con cuerdas en un barco plagado de terroristas disfrazados de activistas pacíficos».
«Está claro que los equipos para dispersar a las masas que les dimos fueron insuficientes», ha tenido que excusar en declaraciones a la radio militar el jefe de los Ejércitos, general Gabi Ashkenazi, ante la avalancha de censuras aparecidas el martes en toda la prensa israelí. «Completa estupidez», «Liderazgo de tontos», «El desaguisado como método de acción», eran sólo algunos de los titulares.
«Nos creemos más grandes que nadie porque hemos bombardeado reactores nucleares, entrado disfrazados de mujer en los dormitorios de grandes terroristas en Beirut y Entebe», comentó el periodista, Eitan Haber, ex jefe de Gabinete del asesinado primer ministro, Isaac Rabin. Y añadía, «se podía haber resuelto de forma pacífica, pero nuevamente se impuso la creencia de que en la fuerza está la solución».
Pero el sonrojo nacional por el abordaje militar, y la repetición por parte de las autoridades de la versión de que Israel fue el atacado dentro de la flotilla, no están dejando lugar, de momento, a la reflexión sobre la tragedia, ni sobre sus consecuencias en el ámbito internacional.
¿Segunda parte?
De hecho, en declaraciones al diario «Haaretz», un oficial de la Marina no identificado desafiaba este martes: «Estamos listos para el Rachel Corrie», en referencia al barco de ese nombre que quedó descolgado del convoy principal, y que desde el lunes navega desde Malta junto a una segunda nave para intentar romper el bloqueo de Gaza. El primer ministro irlandés, Brian Cowen, ha urgido formalmente a Israel a que permita esa misión.
Mientras tanto, esta misma tarde se ha sabido que un total de 124 nacionales de países árabes integrantes de la flotilla atacada por Israel, que se encontraban todavía detenidos, habían sido liberados y se dirigían por carretera hacia Jordania. Una hora más tarde, se anunciaba la expulsión de todos los activistas que viajaban en la flotilla. Los 46 cooperantes ingresados en hospitales de Haifa y Ashkelon permanecían todavía incomunicados. Entre los detenidos, la mayoría se negaron a firmar sus órdenes de deportación voluntaria.
La cooperante española, Laura Arnau, sí la firmó. No así sus dos compañeros españoles, Manuel Tapial y David Segarra. Todos volverán a casa, presumiblemente, en un plazo de 48 horas. El diplomático de la Embajada de España que les visitó en la cárcel aseguró que «se encuentran bien, aunque todavía impactados».
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