Cólera en Estambul: «¡Los muertos palestinos son nuestros muertos!»
REUTERS Miles de manifestantes con banderas palestinas, ayer en el centro de Estambul
A Ismail suele vérsele los días de celebración en la plaza de Taksim, vendiendo banderas de Turquía. Ayer, sin embargo, tuvo la idea de cambiarlas por los emblemas palestinos, e hizo su agosto. Ni una sola, entre los miles de personas que se reunieron allí para protestar contra el ataque israelí a la flotilla que transportaba ayuda humanitaria a Gaza, quería aparecer con las manos vacías.
«¡Israel, pirata, como los somalíes!», se oía en Taksim. Aunque los manifestantes pertenecían a todos los grupos sociales y políticos de Turquía, los más activos y con mayor poder de convocatoria fueron los partidos islamistas turcos. A la sombra de la estatua de Atatürk -el militar laicista fundador de la República de Turquía-, los islamistas se agruparon enarbolando banderas palestinas y entonando cánticos en turco y en árabe por la libertad de Palestina y de la Mezquita de Al Aqsa, y contra Israel. Muchos de ellos lucían las enseñas de Hamás, banderas verdes y cintas en la frente en las que se lee «No hay más Dios que Dios, y Mahoma es su profeta».
«¡Los muertos de Palestina son nuestros muertos!», gritaba insistentemente con un megáfono un joven barbudo ataviado con una cinta verde en el pelo. Detrás, en un segundo grupo, se alineaban las mujeres vestidas con «turban» (el velo turco) y el llamado «charshaf» (el vestido integral islámico que cubre el rostro).
A pocos metros de allí, evitando mezclarse con los militantes islamistas, grupos de pacifistas y miembros de otros partidos lanzaban sus propias consignas. Unos pocos manifestantes portaban banderas de la Fundación para los Derechos Humanos y la Ayuda Humanitaria (IHH, por sus siglas en turco), una de las principales impulsoras de la flotilla enviada a Gaza.
Un «buque insignia»
El «Mavi Marmara», el navío principal de la expedición, hacía antaño la ruta entre Estambul y las islas del Mar de Mármara, y el que los organizadores de la flotilla hayan logrado hacerse con este barco demuestra la influencia de la IHH en el país. Esta ONG de raíz musulmana se dedica a la asistencia humanitaria en todo el mundo, desde Filipinas a Brasil, prestando especial atención a las zonas de crisis, como Afganistán o Chechenia. La Franja de Gaza ha sido siempre uno de los principales puntos de su interés.
Desde el IHH niegan su carácter religioso, e insisten en que lo que ellos defienden son los derechos humanos. Sin embargo, son principalmente musulmanes los que se benefician de su ayuda, que incluye lo que denominan «las necesidades espirituales». Sus programas asistenciales, además de escuelas y hospitales, suelen incluir la construcción de mezquitas y el reparto de coranes.
Tal vez por eso Israel se ha guardado las acusaciones más duras contra esta ONG. El Estado hebreo se ha defendido de las críticas asegurando que los tripulantes del barco atacaron con palos y cuchillos a los soldados israelíes. Además, Tel Aviv afirma que los barcos transportaban armas con destino a Hamás, y que el IHH tiene relación con Al Qaida.
Como una piña
Estas dos últimas acusaciones han causado estupor en Turquía, donde el trabajo del IHH es bien conocido y respetado. «Todo eso es ridículo. Ni había armas en el cargamento, ni los activistas iban armados», asegura a ABC Izzet Sahin, portavoz de la ONG. «Israel es el único responsable», dice.
En las calles de Estambul, los turcos, religiosos o no, se manifiestan como una piña en solidaridad con los palestinos. Cuando los manifestantes cortan brevemente el tráfico en los alrededores del consulado de Israel, los peatones les aplauden, y desde los coches les jalean con pitidos.
Por eso, lo de Ismail, el vendedor de banderas, no es simple cinismo comercial: «Hay que apoyar a nuestros hermanos musulmanes de Palestina», nos dice. Al fondo, delante de una tela arcoiris en la que se lee «Paz» y una silueta bicolor del Che Guevara, un barbudo enarbola el emblema amarillo y verde de Hizbolá. Pero éste se ha traído la bandera de casa, porque aquí no la venden.

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