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Concha Velasco: los papeles firmados y las cuentas claras
Le ha costado sudor y lágrimas y es que varios han sido los berrinches que la actriz Concha Velasco se ha agarrado cada vez que veía cómo los papeles del divorcio con Paco Marsó caducaban sin que su ex marido hubiera estampado la firma para finiquitar su matrimonio. Me lo dijo durante un encuentro en el restaurante Torres Bermejas de Madrid. Concha estaba cansada de seguir siendo la esposa de Marsó de cara a la Ley y harta de mover papeles sin que el destino final fuera el buscado. Fue dicho y hecho. Comenté esta noticia, su desesperación por no terminar esa relación ya sólo burocrática y surgió el efecto esperado. Días después la propia Concha me comentaba, más tranquila, que el juez había vuelto a citarles y que esta vez los dos habían firmado. Después de casi veinticinco años de matrimonio Concha y Marsó están a la espera del documento que les anuncie que legalmente ya están divorciados. Puede que esta misma semana llegue ese documento. «Y ya respiraré tranquila», me confiesa la actriz.
Grande en su profesión e hiperactiva en el trabajo -estos días compagina el teatro con el rodaje de dos capítulos de la serie «Hospital central», así como la promoción de la película «Rabia», con la que ha vuelto al cine por la puerta grande en un tiempo en el que ella pensaba que esa puerta la tenía no cerrada pero sí entornada--. Velasco es una mujer a la que le gusta tener las cosas en orden y las cuentas claras. Han sido demasiados años de vivir casi en la ignorancia en ese aspecto (las deudas millonarias que contrajo durante su matrimonio con Marsó le obligaron a vender hasta sus casas) y hoy ella misma lleva el control de gastos en una libreta donde ha aprendido a apuntar todo lo que entra y lo que sale de sus cuentas.
Siempre me ha parecido lamentable que una mujer que lleva trabajando desde que era una adolescente, que ha protagonizado más películas, obras de teatro y campañas que ninguna otra, esté hipotecada hasta las cejas por el desastre de economía familiar que ha tenido. No hay que señalar culpables (¿hace falta?), pero sí ver cómo hoy Concha, en lugar de vivir como bien se merecería lo hace en un discreto apartamento de una zona nueva de Madrid y sin ningún alarde ni lujo. «Sigo trabajando porque quiero dejar todo limpio el día de mañana para mis hijos», asegura. Dentro de su orden Concha necesitaba el papelito del divorcio para poder firmar el testamento ya sin problemas y evitar cualquier situación no deseable en caso de que faltara. «Para mis hijos sólo quiero cosas buenas, ni una deuda ni un lío. Quiero hasta mi tumba comprada para que no tengan que soportar ningún gasto», dice.
Feliz con su nieto y sus niños -«no se puede querer más a una madre como lo hacen ellos»-, Concha no quiere saber nada de los líos sentimentales de su ex marido. «Algo he empezado a ver en televisión, pero casi prefiero no seguirlo porque es alucinante». Tal vez que ese dolor aún está cicatrizando es por lo que la actriz ni se plantea hablar de amores. «Ese capítulo está totalmente cerrado». Ojalá que se equivoque.
Quien no para de pagar los errores cometidos es Jaime Martínez Bordiú, ahora imputado en un caso de delito contra la salud pública. Su tarjeta de crédito apareció entre la documentación de dos ciudadanos de origen colombiano detenidos por la Policía el pasado mes de diciembre en Requena (Valencia) por alijo de cocaína.
El nieto de Franco ha tenido que declarar en un exhorto para decir que esa Visa fue para pagar una deuda pendiente hace ya cosa de un año. De esto habló en el desfile de Mango una de sus ex, Patricia Olmedilla, quien hace mucho tiempo que no tienen contacto con Jaime. En su día Patricia luchó mucho por ayudarle a salir de las drogas, pero tuvo que tirar la toalla y acabar una relación que era imposible de aguantar. Por eso no quiso entrar en detalles y optó por seguir el desfile de Mango en el Círculo de Bellas Artes con las nuevas propuestas para la próxima temporada. Allí coincidió con un fiel de esa firma, Jaime Marichalar (debe ser el único desfile de marca española al que acude) y por supuesto sus amigos los «Natys», que es como algunos llaman a Luis y Rafael Medina, los hijos de la estupenda Naty Abascal.
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