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Entrevista con José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona y de la Fundación Entrecanales, que habla por primera vez sobre la polémica en torno a las energías renovables
«Un cambio retroactivo en la ley de primas sería una barbaridad»
A través de la Fundación que preside, Entrecanales invierte en proyectos emprendedores orientados a la sostenibilidad / ABC
Bajo la presidencia de José Manuel Entrecanales, Acciona ha transformado sus cuentas: las ventas y el Ebitda han crecido a doble dígito; su tamaño: de ser una empresa familiar hoy es referencia en el Ibex 35; y su fondo: era una de las principales constructoras de España y ahora es la compañía pionera en sostenibilidad. En su primera entrevista como presidente de la Fundación José Manuel Entrecanales desvela las claves de su proyecto más personal y explica cómo recuperar la senda del crecimiento. Aunque esta vez, sostenible.
Hace ocho meses, ya con la crisis en plena ebullición, decidió poner en marcha la Fundación que lleva su nombre. ¿Cómo surgió esta idea?
A raíz de mi salida de Endesa recibo una indemnización muy significativa, del orden de nueve millones de euros, tal y como se reflejaba en el contrato-tipo de presidente de Endesa. Tras abonar cuatro millones en impuestos, quise crear una fundación con todo el dinero restante, una fundación que tuviera carácter personal, independiente de Acciona pero que, aunque a un nivel mucho más reducido, estuviera enfocada a sus mismos objetivos.
¿Y cuál es su objetivo?
Le di muchas vueltas al objetivo específico que debía tener esta Fundación, siempre dentro de la promoción de los tres elementos clave de la sostenibilidad, el progreso social, el desarrollo económico y el equilibrio medioambiental. La Fundación tenía que servir para difundir un concepto, como es el de la sostenibilidad, que aunque su uso esté muy extendido, no acaba de entenderse bien. Una de mis grandes dudas previas era decidir qué hacer cuando se acabaran los fondos. Tenía que construir una fundación que también fuera sostenible económicamente en el tiempo, de manera autónoma.
¿Cómo se solucionó?
Aportando un valor diferencial que no es otro que mi propia experiencia en el desarrollo de la actividad empresarial, de los negocios, y de las inversiones. Hay muchos proyectos que pueden aportar valor a la sociedad que, si están dentro de una estructura de empresa, serán mucho más efectivos. El altruismo tiene su valor indiscutible, pero más poderoso que el altruismo es el ánimo de lucro del individuo. Cuando consigues coordinar el ánimo de lucro característico de una sociedad mercantil con objetivos que sean beneficiosos para la sociedad, alcanzas la cuadratura del círculo.
¿En qué proyectos invierte?
El equipo de la Fundación, que lidera Luis Rivera, busca invertir en proyectos que necesiten capital y una cierta tutela, o apoyo en la gestión empresarial. Pero, sobre todo, que sean sostenibles y cumplan los tres requisitos básicos de contribuir al progreso social, ser económicamente rentables y medioambientalmente beneficiosos.
¿Cómo funciona?
Una fundación es una institución no mercantil donde los recursos con que se crea permanecen en ella definitiva e indefinidamente. A veces se confunden con otros vehículos de inversión, como por ejemplo, las SICAVs, pero no tienen nada que ver. Como le dije, las fundaciones no tienen ánimo de lucro. Además está tutelada por el protectorado de fundaciones de los distintos Ministerios que las controlan y el patrono fundador, como es mi caso, no puede tener remuneración alguna. En definitiva, es un ente sin propiedad y cuyo único objetivo es destinar un capital a proyectos que beneficien a la sociedad.
¿Qué ha hecho hasta hoy?
Desde que nació, su equipo ha analizado más de 200 proyectos. Esto ha sido una sorpresa realmente grata, demuestra que en España hay ganas de emprender. Por ahora, hemos invertido en uno. Hace unos días tomamos el 20% de Going Green, una distribuidora española de vehículos eléctricos.
¿Y qué áreas de negocio está analizando ahora?
Básicamente son tres. Los sistemas de control y gestión, en los que grupos de ingenieros trabajan para intentar desarrollar la domótica o la inmótica. La edificación verde, que busca hacer más con menos. Y, por último, nuevos proyectos médicos.
¿Es un capital aventura?
Sí, capital aventura, capital riesgo, capital semilla. Estos son planteamientos poco comunes en España pero que han encontrado un fuerte desarrollo en el mundo. Todo Silicon Valley está basado en ello. De hecho, es una pena que la Administración no persiga más este tipo de iniciativas.
¿Cree que debería hacerlo en solitario o de la mano del capital privado?
La Administración es la Administración, no es un inversor, ni un gestor de capitales, de patrimonios o de empresas. Pero sí creo que sería muy buena solución que los recursos públicos disponibles para este tipo de proyectos se utilizaran en tándem y a partes iguales con instituciones privadas, como puede ser nuestra Fundación.
¿Pero cómo se construye una economía sostenible?
España necesita desarrollar su nivel tecnológico desesperadamente. El modelo de futuro pasa inexorablemente por ahí. Dentro de veinte años no podremos basar nuestra economía en seguir siendo fabricantes de coches, de electrodomésticos o de muebles y pretender competir por precio. Y el modelo tradicional, basado sólo en construcción y turismo, no bastará para ser competitivos. Hay que construir un modelo de desarrollo tecnológico y de exportación de «know how».
¿Con una ley?
Una ley a secas no es suficiente, aunque pueda ayudar. De hecho, una ley que, por ejemplo, apoye fiscalmente a los proyectos emprendedores orientados a la sostenibilidad sería un soporte clave.
¿Cuál es la mayor necesidad de España?
Crear puestos de trabajo.
¿Y flexibilizar el mercado laboral?
Sí, también, pero sobre todo crear puestos de trabajo.
¿Cómo se consigue?
Es imprescindible que haya inversión. Es imposible que se creen puestos de trabajo sin una inversión asociada. Y para ello hay que generar atractivos, especialmente en un momento en que los inversores tienen recelo sobre el futuro de España. Y una de las mejores formas de atraer la inversión es con incentivos fiscales. Este tipo de políticas son importantísimas.
Resulta difícil hablar de sostenibilidad con casi cinco millones de parados...
La sostenibilidad es el mejor filón de oportunidades de negocio que existe. Precisamente porque hay casi cinco millones de parados, el país debe reflexionar sobre dónde se les va a poder emplear en el futuro. Por poner un ejemplo, en construcción climática y energéticamente eficiente, hay un campo inmenso que explorar.

¿Qué sectores son clave para el futuro de España?
Sin duda las energías renovables. En los últimos 200 años no ha habido ningún sector tan importante a nivel mundial en el que nuestro país haya sido líder y haya estado colocado de manera tan ventajosa como lo está en el sector de las energías renovables.
¿Qué le parece la política del Gobierno en lo que se refiere a las primas a este sector?
Si se refiere a la reciente polémica sobre los cambios retroactivos a la ley vigente, creo que es una barbaridad de consecuencias gravísimas no otorgar la importancia que tiene a la seguridad jurídica. Todos los inversores nacionales y extranjeros que aportamos nuestro capital a riesgo para lanzar las energías renovables, lo hicimos en la confianza de que los términos de la ley han de ser cumplidos. Y la ley precisa que estará vigente veinte o veinticinco años, y que no se podrán cambiar las condiciones a las inversiones ya realizadas. Confiábamos, y aún lo hacemos, en que lo que dice la ley se cumple, por eso invertimos. Si ese principio se quiebra, se quiebra una de las claves fundamentales de nuestro sistema jurídico. Además, no se pueden mandar mensajes contradictorios a nivel nacional e internacional. Aunque el Ejecutivo no esté convencido de las bondades de este sector, lo cierto es que el mundo entero lo está. Es un sector de futuro que tenemos que respaldar porque partimos con ventaja. Es una cuestión de interés nacional, porque se trata de una oportunidad industrial sin precedentes. Estamos ante la tercera revolución industrial, y además somos líderes. Sería un desastre perder esta oportunidad.
¿Y cómo valora la polémica política que rodea al sector?
Debería haber una cierta cohesión política en este tema. Es un asunto vital que no puede convertirse en un campo de batalla política. Es imprescindible llegar a un pacto energético, como ha ocurrido en otros órdenes de la vida publica, porque es una de las claves de nuestro futuro como país, porque las inversiones son a muy largo plazo, y porque es una de nuestras escasas oportunidades de asumir un liderazgo sectorial a nivel mundial. Hay mucho escéptico que critica las subvenciones. Pero las subvenciones son un tema muy complejo. Hace falta un análisis económico profundo para entenderlo. En primer lugar hay que tener en cuenta que la industria de las energías renovables es una industria en su infancia y, como a un niño, hay que protegerle para que crezca fuerte y sano. Además, cuando se habla de subvenciones no se tienen en cuenta las enormes subvenciones que en el pasado han tenido, y mantienen hoy día, las energías fósiles y que, por eso, ahora, son grandes compañías con tecnologías maduras y muy asentadas. Tampoco se habla de los efectos medioambientales de las emisiones. ¿Cuánto le va a costar al mundo revertir ese proceso? Lo que cueste, que será muchísimo, son costes derivados del uso de las energías fósiles que éstas no han sufragado y, por lo tanto, subvenciones que han recibido éstas a lo largo de generaciones. Otra cuestión que no tenemos suficientemente en cuenta es la dependencia energética. Es un enorme riesgo que hay que minimizar al máximo. Sólo hay que observar lo que prácticamente cada invierno ocurre en Europa central con el gas ruso para convencerse de que hay que hacer algo al respecto. España depende energéticamente de otros países en un 80% y eso es un riesgo inaceptable. Por último, cuando se comparan los costes eléctricos de un kilowatio/hora renovable y autóctono con otros basados en combustibles fósiles, no se puede olvidar que no es lo mismo pagar 50 euros por un kw/h de gas —que 40 de ellos irán a parar a Argelia u otros productores— que pagar 50 euros por una energía autóctona de la que el 100% del importe se quedará en la economía española, e irá a parar a familias o empresas españolas que a su vez lo gastarán en consumo o en inversión nacional. En definitiva, hay mucho maniqueísmo, pero también una necesidad perentoria de orientar el país hacia las oportunidades que tenemos para el futuro. El problema es que España no puede paralizarse por la crisis. Muy al contrario, la crisis es una «lesión» que se cura a base de trabajo, sudor, esfuerzo y bastante dolor. Pero se cura.
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