Nuevas rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, «don Fulano de Tal»
Gustavo Adolfo Bécquer, fotografiado por M. de Hebert
Domingo , 30-05-10
Los biógrafos de Gustavo Adolfo Bécquer coinciden en señalar que el poeta sevillano vivió sus peores momentos en torno al año 1868. Las revueltas de la revolución de 1868 le obligaron -era censor de novelas gracias a la intermediación de su amigo González Bravo, político y también poeta- a retirarse a Toledo; también en los tumultos desapareció su libro de poemas y descubrió la infidelidad de su mujer, Casta. En torno a esos años, el poeta malvivía gracias a las traducciones que hacía para la editorial Gaspar y Roig.
En varias de esas traducciones -descuidadas por los estudiosos del poeta- ha encontrado Agustín Porras (Antequera, Málaga, 1957) una serie de poemas que él atribuye a Gustavo Adolfo Bécquer. Cuenta Porras -autor de una biografía del poeta sevillano editada en 2006 por Eneida- que desde hace varios años ha ido reuniendo todas las ediciones de Gaspar y Roig que ha podido encontrar en librerías de viejo y, especialmente, a través de internet. Su esperanza era encontrar alguna de esas traducciones de las que se tiene noticia. En esos libros encontró ilustraciones firmadas por VB o VDB, siglas que corresponden a Valeriano Bécquer o Valeriano Domínguez Bécquer, hermano del poeta.
Varios de esos libros llevan una curiosa firma asociada a la traducción: Don F. de T. Las iniciales, dice Porras, le llamaron la atención; «no encontré jamás ningún escritor contemporáneo a nuestro poeta cuyo nombre y apellido coincidiera con ellas». Porras está convencido de que detrás de esas iniciales está Gustavo Adolfo Bécquer y, más importante, que el poeta utilizó las traducciones para escribir sus propios poemas. «Bécquer cambia la estructura de los versos, que están repletos de concordancias con las rimas. También se encuentran muchas de las imágenes de Bécquer; palabras como dintel usada en lugar de umbral, un error que ya tiene en otros textos; o como átomo. En estas traducciones está el universo de Bécquer».
Perdidos en 1868
Son trece los poemas que Porras califica como nuevas rimas. Aparecen en un libro de Eduardo Laboulaye -«un autor francés que entonces era muy popular, aunque ahora apenas se le conozca»-: «Abdallah o El trébol de cuatro hojas (cuento árabe), seguido de Aziz y Aziza (cuento de Las mil y una noches)».
En los tumultos de la revolución de 1868, «La Gloriosa», se habían perdido los poemas escritos por Bécquer. Se los había entregado para su publicación a González Bravo y desaparecieron en el asalto a su despacho. El poeta sevillano, de memoria, trató de reconstruir sus textos en «El libro de los gorriones», cuyo manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional. «No se sabe si las traducciones son anteriores o no a esa nueva escritura de sus versos», explica Agustín Porras, aunque por la fecha, añade, es muy probable que fueran paralelos en el tiempo.
Dice el estudioso que a Bécquer, «un romántico que llegó tarde al Romanticismo», se le tiene por un ser taciturno y depresivo, cuando debía de ser, asegura, «un hombre normal; incluso conoció a su mujer en la consulta de un médico de enfermedades venéreas. Don F. de T., el seudónimo bajo el que se esconde el poeta, son las siglas, según Porras, de Don Fulano de Tal. «Era frecuente utilizar esta fórmula para ocultar el nombre; si, por ejemplo, alguien quería poner una denuncia contra un vecino sin que éste supiera su origen. En alguna traducción, el humor de Bécquer iba más allá, y firmaba Don F. de T. y C., que significa Don Fulano de Tal y Cual».
Esboza Porras varias conjeturas para explicar por qué Bécquer no quiso asociar su nombre a las traducciones. «Quizás lo consideraba un trabajo menor y meramente de supervivencia, y por ello se avergonzaba de él. Pero es más verosímil la teoría de que no quisiera publicar su nombre, vinculado a un régimen derribado por los revolucionarios; hay que recordar que el ministro González Bravo había sido su amigo y su valedor». ¿Por qué dominaba Bécquer el francés? «Gustavo Adolfo -explica Porras- quedó huérfano de niño, y fue acogido por su madrina, Manuela Monahay, francesa afincada en Sevilla. El poeta aprendió el idioma y desde muy pequeño leía en francés. De hecho, su fascinación por el Romanticismo proviene en buena parte de sus primeras lecturas».
Porras sigue sus investigaciones sobre Gustavo Adoflo Bécquer porque cree que «probablemente haya escrito bajo otro seudónimo»; tras su etapa en Toledo, añade, dirigió el periódico «La ilustración de Madrid», y antes ya había trabajado también en publicaciones similares. «Quiero ser muy cauteloso con todas estas afirmaciones -añade el estudioso-; yo estoy convencido de su autoría, pero para ello me baso en la intuición y en el conocimiento de su obra. De todos modos, otros expertos secundan estas teorías».
«Espero que estos hallazgos sirvan -prosigue- para que se vuelva a leer a Bécquer, que sigue siendo un gran desconocido, y que tiene una obra extraordinaria. Se conocen sus «Rimas» y sus «Leyendas», pero tiene otros libros, como las «Cartas desde mi celda», que escribió en el monasterio de Veruela, que es una auténtica joya».

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