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El iPad pasa de la crisis
El nuevo dispositivo electrónico de Apple tocó ayer suelo español. Hizo un aterrizaje fuerte. Sus 24 por 18 centímetros de dimensión eclipsaron de lleno los efectos de la crisis; el dinero no escaseó para hacerse con uno, dos e incluso tres modelos de este «gadget» por persona. «Este es un regalo, otro es un pedido y el otro es para mí», detalló un usuario que en total se gastó cerca de 2.000 euros. En cuestión de horas, la mayoría de los 150 distribuidores que ayer lanzaron el producto en España colgaron el cartel de agotado para las seis versiones del «tablet».
Las primeras en venderse fueron las 3G, las más caras debido a su conexión a internet desde cualquier lugar y momento.
Ayer, a diferencia del lanzamiento del iPhone en julio de 2008, no hubo madrugones ni colas desmesuradas para hacerse con un iPad. Grupos de entre 5 y 10 personas se concentraron a las puertas de los grandes distribuidores a la espera de su preciado tesoro. El que más público albergó en la calle fue el establecimiento Fnac de la plaza de Callao. Un total de 17 personas, todos hombres de entre 20 y 45 años, esperaban a la entrada a las 10 de la mañana.
Tres factores influyeron en la misteriosa fila inexistente que ayer exprimió hasta el último modelo de iPad. Por un lado, que hubiera múltiples puntos de venta; que los pedidos a domicilio, también agotados, se realizaran desde el 10 de mayo, y que la gente fuera llegando a los establecimientos de forma gradual.
«Ha habido mucho tráfico de compradores toda la mañana. A primera hora, la fila se ha formado dentro de la tienda. Venían con las ideas claras. Si no les quedaba el modelo que querían, se iban a por otro», explicó Ricardo Prieto, jefe de tienda de K-Tuin de la calle Orense de Madrid.
Daniel, de 29 años, fue de los pocos tempraneros incondicionales a la manzana. A las 6 de la mañana salió de Alcorcón para colocarse el primero en El Corte Inglés del Paseo de la Castellana madrileño. «Me dijeron que viniera pronto porque había pocas unidades, y aquí estoy», dice emocionado. El joven llevaba una mochila de donde extrajo el resto de sus joyas electrónicas: un Kindle (lector de libros electrónicos), un Macbook y el iPhone. «Puede que pasen a la historia con el iPad», dejó caer.
El momento «i»
No sonó la sintonía de Vangelis en Carros de Fuego, pero todos la llevaban dentro. El reloj marcó las 10. Las puertas de las tiendas y almacenes se abrieron. Antes que nadie, y sin cámara lenta, tenían que conseguir su ejemplar. «Quería lo que todos estamos pidiendo». «Ya no quedan, vendrán la semana que viene», encontraron muchos por respuesta. A partir del lunes, los que ayer perdieron su oportunidad podrán intentarlo de nuevo.
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